jueves 10 de julio de 2008

La luz que va dando nombre

LA LUZ QUE VA DANDO NOMBRE

1965-1985 VEINTE AÑOS DE LA POESÍA ÚLTIMA EN MÉXICO





Alí Calderón
(Coordinador)

Prólogo
Alí Calderón, Jorge Mendoza

Selección
Alí Calderón, José Antonio Escobar, Jorge Mendoza, Álvaro Solís



PRÓLOGO

Que un poema haya o no haya sido escrito por un gran poeta sólo es importante para los historiadores de la literatura. (…) Quizá sea mejor que el poeta no tenga nombre.

Jorge Luis Borges


Cuando no nos contentamos con escoger y rechazar, sino que ordenamos lo escogido, hemos llegado a un segundo estadio de nuestro conocimiento de la poesía. Y podría hablarse de un estadio tercero, o de reordenación, en que el lector, ya formado, se enfrenta con algo nuevo en su tiempo y descubre un nuevo criterio poético de acuerdo con el cual considerarlo.

Thomas Stearns Eliot


I

La luz que va dando nombre no se propone dar la última palabra, sino abrir el diálogo sobre un modo distinto de organizar nuestra tradición poética. No pretende pontificar ni establecer canon. La antología forma parte de nuestra conjetura –no la única- de la poesía mexicana reciente. Partimos de la verdad débil, no totalizante, no infalible, mucho menos absoluta, que se resume en un aforismo de Nietzsche: “No hay hechos, sólo interpretaciones”. Finalmente, nuestra antología es una antología -el lector asentirá o no- estéticamente incluyente. Es una antología de poemas, no de poetas.
Desde nuestra perspectiva, dos senderos han intentado caracterizar la poesía mexicana de los últimos años. El primero inicia con la antología Poetas de una generación (1940-1949) de Jorge González de León con prólogo de Vicente Quirarte. Este trabajo inauguró en México el arbitrario criterio -aunque operativo- de fijar generaciones literarias por el decenio en que nacieron los poetas recopilados. A esta antología siguió Poetas de una generación (1950-1959), de Evodio Escalante, que reúne a poetas de la llamada “generación de los cincuenta”. Esta tradición es continuada por la antología de la generación de los sesenta Eco de Voces de Juan Carlos H. Vera. Sin embargo, este modus operandi esconde un problema, pues confunde dos niveles de la comunicación: el acto de enunciar (la enunciación) con el resultado de este acto de enunciación, el enunciado. No es a partir de las cualidades intrínsecas de los poemas (enunciado) que se establece una generación –en el caso de que fuese posible– sino a partir del acto enunciatorio del antologador. Es decir, lo que leemos en estas antologías nos habla más del antologador que de los poemas seleccionados, aunque su aporte sea innegable y de pie a una lectura más orientada. Sin embargo, tal vez, a la postre y a mucha distancia, se pudiera hablar de una sensibilidad de época.
El sendero opuesto a esta perspectiva fija su atención en los textos y, a partir de ellos, establece similitudes y diferencias. Este modo de reflexionar la poesía consigue establecer los puntos de contacto entre propuestas heterogéneas en apariencia. El criterio que selecciona, parte del enunciado -de los poemas, de la inmanencia- y no de algo exterior, contingente a ellos (la fecha de nacimiento de los poetas, por ejemplo). En este sentido se han encaminado las reflexiones de Jorge Fernández Granados, Hernán Bravo Varela, Ernesto Lumbreras y Mario Calderón.
Jorge Fernández Granados en “Poesía Mexicana de Fin de Siglo. Para una calibración de puntos cardinales” ordena la producción de los poetas mexicanos nacidos a partir de 1960 en una rosa de los vientos imaginaria, cuatro puntos cardinales que corresponden a cuatro registros poéticos: norte, cultivadores de la imagen; sur, poesía referencial o de la experiencia; este, minimalismo o poesía del intelecto; y oeste, constructores del lenguaje (Toledo, 2000: 219-243). Cada región o punto cardinal es susceptible de entrecruzarse o acercarse a otro, lo cual desemboca en combinaciones que dan cuenta de la poética de algún autor determinado. Sin embargo, Granados tiene a bien advertir: “Pero sería absurdo negar que la variedad real implícita en la voz de cada autor es inclasificable y debe suponerse siempre desajustada de éste y cualquier otro esquema” (:238)
El prólogo del Manantial latente (2002: 32-43) recorre este camino, pero no es consecuente con él. Si bien es cierto que los compiladores detectan cinco “estratos de discurso poético” a partir de criterios temáticos (estratos experiencial, metalingüístico, imaginístico, adánico e inefable) en los poetas nacidos entre 1965 y 1978, surge una primera interrogante ¿los poetas seleccionados sólo escriben en un estrato, son poetas puros en este sentido tal como aparecen en el libro? Evidentemente no es así. La geografía lingüística, disciplina de la que tomamos su método descriptivo, refiere que “un dialecto puro es una ficción y todas las etapas del desenvolvimiento de un lenguaje o dialecto son resultados de la interacción de influencias variables y contienen, por lo tanto, elementos de varios orígenes” (Malberg, 1999: 66).
Nuestra antología lo sabe. Por ello, guías de esta reflexión son las distintas formas de construir el lenguaje literario. Dentro de estos diferentes lenguajes que describimos, caben poemas del mismo poeta. Un poeta no se agota en el cultivo de un solo lenguaje literario, su búsqueda estética lo puede llevar a poseer un registro poético amplio o también el caso de labrar sobre una sola línea poética. Con ello no nos desviamos de nuestros presupuestos teóricos y describimos de manera puntual nuestro objeto de estudio: la poesía mexicana reciente, entre los poetas nacidos de 1965 a 1985. Desde luego que no agotamos todos los lenguajes literarios que articulan los poetas nacidos en este periodo. Tal empresa requiere un trabajo de constante revisión, de una utopía: un lector absoluto, un Pierre Menard que conociera todos los poemas (los escritos y los que están por realizarse), de todos los poetas nacidos en este periodo. A lo más que se puede aspirar, si se continúa explorando este sendero, apoyándose en el pensamiento inductivo, es a lo que ha llegado la lingüística geográfica: un Atlas Lingüístico de México. En lo que nos ocupa, un Atlas Poético de México.
Para la elaboración de la antología, una vez leídos los libros individuales o colectivos, invariablemente se revisaron las antologías que han tomado el pulso a la producción de estos poetas. A las ya mencionadas Eco de voces y al Manantial Latente. Muestra de poesía desde el ahora 1986-2002, le siguieron la recopilación hecha en el 2003 por Rogelio Guedea, Árbol de variada luz, la autodenominada “antología extraoficial de poesía”, Más vale sollozar afilando la navaja de Cuiria ediciones con prólogo de Eduardo Langagne, la muestra de poesía joven editada por Ediciones Punto de Partida y la UNAM, Un orbe más ancho. 40 poetas jóvenes (1971-1983), El decir y el vértigo. Panorama de la poesía hispanoamericana reciente 1965 - 1979, las muestras de poesía que publicaran tres revistas de constante y destacada circulación: “Muestra de poesía mexicana 1964-1985”, seleccionada por Mario Bojórquez y Jair Cortés en Blanco Móvil, “La palabra es un tigre en el pastizal del ojo. La generación poética de los setenta” de Alí Calderón en Biblioteca de México y a la muestra de poetas nacidos en la década de los ochenta, “En el vértigo de los aires”, de Iván Cruz y de Alí Calderón en la revista Alforja.
La segunda interrogante que nos surge a leer la muestra de El manantial latente es ¿solamente los poetas seleccionados escriben poemas de calidad en estos estratos de discurso? Evidentemente no. Liquidar, como lo ha dicho Pablo Molinet, en cinco líneas, el trabajo de una cantidad amplísima de poetas, es querer situarse en la posición de sumo pontífice de la poesía mexicana. Y como lo hacemos ver, es intentar erigirse como el lector absoluto de la poesía mexicana reciente, es decir, un gesto de megalomanía intelectual.
La luz que va dando nombre incluye los poemas de apenas un tercio de los poetas que comprenden este periodo. Los más de sesenta poetas aquí reunidos representan distintos lenguajes literarios y distintos momentos en la realización de una obra. Algunos poseen un trabajo reposado que va ganando en amplitud y calidad, que viene rindiendo frutos hace diez o quince años; otros, los más jóvenes, inician su carrera literaria.
Hemos combatido el intento de establecer generaciones poéticas por el arbitrario criterio cronológico, ¿por qué, entonces, realizar una muestra de poetas nacidos entre 1965 y 1985? En primer lugar, no consideramos generación a los poetas nacidos en este periodo. En segundo, estos parámetros temporales son nuestro punto de partida. Es un corte sincrónico que se desprende de las antologías mencionadas, pero interpreta los resultados, atiende a los poemas para observar las diferentes tendencias y realizaciones que abrigan.
Nuestra posición se desprende de la geografía lingüística. Esta disciplina opera sobre los ejes diacrónico y sincrónico. Cuando trabaja sincrónicamente establece un corte temporal que le permite describir las variaciones dialectales de una lengua, en un territorio geográfico vasto. Los resultados que arroja la geografía lingüística revelan que en un mismo tiempo conviven distintas realizaciones, tendencias, variaciones dialectales de una lengua, todas válidas en tanto permiten la comunicación entre los hablantes.
Al proceder de esta manera, hemos seleccionado a poetas que nacieron entre 1965 y 1985, quienes, consideramos, articulan o remodelan la lengua natural dando como resultado, según sus cualidades formales, ocho tipos o lenguajes literarios: neobarroco, automatismo, connotación o matización afectiva, trabajo del significante, música, humor o ironía, norma coloquial o slang citadino e imágenes de la naturaleza. Vale la pena destacar que en un principio, pensamos incluir al aforismo como lenguaje literario, dada su profusión en poetas como Amaranta Caballero, Luigi Amara, Rogelio Guedea, Ervey Castillo, entre otros. No obstante, una forma poemática, como lo es el soneto o la silva, no alcanza la calidad de lenguaje literario.
Estos lenguajes van dando nombre a la poesía mexicana reciente. Lo apuntamos arriba, no hay dialectos puros, así tampoco el poeta realiza un lenguaje literario único. Hay inclinaciones, tendencias a articular de una manera y no de otra el lenguaje para alcanzar la poesía. Asimismo, hay poetas que se inclinan por un registro poético más uniforme. Otros, por el contrario, buscan la amplitud de su registro, tienden hacia la polifonía lírica.
II
La poesía, como cualquier otro campo de cultura, es también un campo de poder. Sobran ejemplos en la tradición literaria mexicana que dan cuenta de ello. Asociados a o protegidos por las cúpulas políticas estuvieron, por ejemplo, Sor Juana, los poetas de la Academia de Letrán, Enrique González Martínez, los Contemporáneos, Jaime Sabines u Octavio Paz. Siempre han existido grupos de poetas en pugna buscando su legitimación y hoy, quizá, quienes establecieron de algún modo relaciones clientelares con Paz dominan la escena poético-política del país creando una especie de línea de sucesión o mentirosa heredad que a veces pretende ser identificada con la idea de continuidad de la tradición.
Lo anterior puede analizarse a la luz de algunos cuestionamientos. ¿Cuáles son los poetas cuya obra trasciende? ¿Quiénes son los poetas mejores o más valiosos en nuestra historia literaria? ¿Cuáles son los poemas que «permanecen»? ¿Se corresponde el prestigio de los poetas con la calidad de sus trabajos? ¿Cuál es la labor de teoría y crítica literarias en estas disputas? Y podemos pensar, no para aventurar una respuesta sino para proponer una conjetura, que el canon, es decir, nuestro parnaso literario, nuestra rotonda de los poetas ilustres, el cuadro de honor de la poesía nacional, está domeñado y más influido por la cortesanía y la real politik de la vida literaria que por los méritos, merecimientos y cualidades del texto con intencionalidad estética. Los compadrazgos, el clientelismo y el modus operandi del “tú me das y yo te doy” han sustentado nuestra poesía y se han convertido en muy efectivos medios para la legitimación de la literatura.
Dado lo anterior, sostenemos que una crítica de poesía honesta debe descansar en la idea de lenguaje literario. Esto es, centrarse inicialmente en el plano de la descripción para luego, una vez agotados los recursos de la teoría literaria, proponer una interpretación de la historia de la poesía en México.
Nuestra reflexión girará en torno a la poesía mexicana última, es decir, a la escrita por autores nacidos entre 1965 y 1985. Pretendemos conjeturar sobre la poesía considerando las tendencias diversas que se advierten dentro de los parámetros temporales que hemos precisado arriba, conjeturar teniendo siempre como guía la noción de lenguaje literario.
La literatura, la poesía evidentemente, se forma a través de la lengua pero, contrario a lo que pudiera pensarse, no se corresponde con ella. Es decir, mientras la lengua (el español) es un sistema modelizante primario, la poesía escrita en esa lengua (la poesía en español) es un sistema secundario. La poesía es, ante todo y de la manera más fría, un artificio de lenguaje que produce un cierto efecto estético. Esto es, si el poema nos conmueve de alguna forma es porque en él se ha desarrollado determinado procedimiento de lenguaje, la lengua ha sido puesta en operación de manera particular para producir un efecto específico.
Por otro lado, siguiendo las propuestas del poeta Mario Calderón, consideramos que un poema equivale, en realidad, a una macropalabra.

El elemento esencial de la poesía es el signo lingüístico, la palabra. Todo estilo personal y toda corriente poética es en el fondo un tipo uniforme de lenguaje, un modo de selección de palabras y una manera de articularlas. Por esta razón, cualquier tendencia poética puede describirse analizando el empleo del signo lingüístico. (Calderón, 2005a: 13).

Las formas diversas de trabajar el signo lingüístico y sus relaciones dan pie a diversas formas de lenguaje literario, es decir, a distintas vías de acceso a lo poético. Según Calderón, “la poesía intenta encerrar lo etéreo en el lenguaje poético. Este intento puede consumarse de varias maneras que corresponden a diversos tipos de lenguaje literario” (Calderón, 2005b: 88).
Si “la palabra es material para construir el edificio poético y el poeta es albañil que selecciona los signos que considera apropiados, según su estilo y sus intenciones estéticas o su idea de belleza” (Calderón, 2005b: 14), un lenguaje literario es una manera determinada de trabajar el lenguaje, de manipular al signo lingüístico, una disposición particular de las palabras en el poema. Resumiendo, el lenguaje literario se asocia a un grupo de recursos retórico-estilísticos y series paradigmáticas que al actualizarse en el discurso dan origen a un tipo de poema y a una concepción particular de la poesía.
Los poetas nacidos entre 1965 y 1985, aunque se han ganado un lugar importante –pero no de privilegio– en la poesía mexicana, no han innovado en cuanto a lenguaje literario, en cuanto a la forma de construir el poema. Más bien, han continuado la tradición y, a lo más, han introducido la variante, como lo advirtió Mario Bojórquez, del tempo rápido. Un poeta, evidentemente, no suele cultivar un solo lenguaje, razón por la cual es prácticamente imposible cercarlo en un marbete sino, por el contrario, ensaya varios y de esa forma construye una obra plural y variada en matices.
El concepto de lenguaje literario es eminentemente formal y refiere el modo en que un poeta trabaja el signo lingüístico para lograr la poesía. Los lenguajes literarios que aparecen con mayor claridad en la poesía mexicana última, como dijimos antes, son los siguientes: la connotación de sentimientos, el trabajo del significante, el neobarroco, las imágenes de la naturaleza, la música, el humor y la ironía, el automatismo y la norma juvenil o slang citadino. Un mismo poema puede, evidentemente, contener más de uno de estos aspectos del discurso literario pero alguno domina con cierta nitidez. A continuación explicamos y ofrecemos ejemplos.
Connotación de sentimientos. Por estar de algún modo asociado a la idea de lirismo, este lenguaje literario es uno de los más comunes y, al propio tiempo, uno de los más difíciles en su actualización plena pues, como pensaba Gottfried Benn, un poema lírico debe ser extraordinario o no ser. Este lenguaje entra en una tensión inusitada, se abandona la voz media y se percibe nítidamente el apasionamiento. Hablamos de connotación para señalar que el discurso contiene «algo extra», no precisamente ideas o conceptos sino emotividad. La connotación se caracteriza porque, si un poema consta estructuralmente de forma de la expresión y forma del contenido, ambas, unidas y constituyendo un signo lingüístico o una macropalabra, se tornan, a su vez, significante (o forma de la expresión) de otro significado (o forma del contenido). Ese otro significado normalmente hará referencia a algún sentimiento: amor, odio, fascinación, tristeza, etc. En la connotación, por tanto, hay una matización de índole afectiva que convierte al poema en símbolo de un sentimiento. Podríamos decir que se trata de poesía dionisíaca. En la tradición poética mexicana reconocemos en este lenguaje a Jaime Sabines, Rubén Bonifaz Nuño o Eduardo Lizalde y, más cercanos en el tiempo, a Arturo Trejo Villafuerte o Vicente Quirarte.
Trabajo del significante. Las palabras tienen, sin lugar a dudas, tanto en su sonido como en su escritura, cualidades inherentes como textura, densidad, color, etc. Así, podemos distinguir palabras ásperas (tanque); palabras tersas (libélula); palabras densas (choza); palabras ligeras (leve), palabras claras (alba); palabras oscuras (grillo). Se apela naturalmente a la sensibilidad y a los presupuestos de la fonética. Cuando un poema se sustenta –conciente o inconscientemente– en la uniformidad de alguna de estas cualidades da origen a un tipo particular de lenguaje. La poesía mexicana ha empleado este lenguaje literario con cierta profusión al grado en que, incluso, podría llegársele a asociar con el concepto de McPoema. Nos referimos, esencialmente, a un modo de articular el poema en que sobresale la voluntad de construcción. Es poesía que puede, en algún momento, identificarse con el espíritu apolíneo.
Neobarroco. Este lenguaje literario identificado con la estética de los siglos de oro hoy, esencialmente, se caracteriza por generar en el poema una cierta sensación de agobio y de lo intrincado. Abundan en la construcción de estos poemas los sonidos oclusivos y vibrantes; asoma a cada paso el hipérbaton, es decir, un intento hay por alterar el orden sintáctico convencional. La invención de palabras y la búsqueda de la complejidad y la complicación son rasgos comunes a esta forma de articulación del poema. El siglo XX latinoamericano se ha caracterizado por cultivar con profusión este lenguaje. En México, entre los poetas más significativos cercanos a esta estética encontramos a Gerardo Deniz y a David Huerta.
Imágenes de la naturaleza. Este lenguaje literario, identificado con el espíritu clásico, ha sido cultivado en México y en lengua española profusamente. Este tipo de construcción del poema hace descansar la literariedad en los valores propios de la imagen, por mencionar algunos, la plasticidad y la evocación. Referente obligado de este tipo de lenguaje es Octavio Paz y, más cercanos en el tiempo, Efraín Bartolomé, Mario Calderón y José Luis Rivas.
Música. Este lenguaje literario tiene por finalidad hacer música con las palabras, es decir, crear una melodía más allá de la inherente a la que subyace en cualquier poema. Empleando a veces formas clásicas o distintos patrones de acentuación se busca conseguir esta musicalidad. Eduardo Langagne es uno de los poetas que ha desarrollado con mayor éxito este lenguaje en el pasado reciente.
Humor / Ironía. Este lenguaje literario, sustentado esencialmente en la ambigüedad y procedimientos estilísticos como el engaño-desengaño o la ruptura de la pertinencia, ha sido trabajado ampliamente en nuestro país. En Renato Leduc, Elias Nandino, Efraín Huerta, Raymundo Ramos o Héctor Carreto está el antecedente de esta manera de construir la poesía. La ironía ha sido fina y frecuentemente utilizada en México y es asociada con la idea de la construcción del humor.
Automatismo. Derivado del automatismo psíquico del surrealismo y su relación con la asociación libre, este lenguaje literario se caracteriza por sus isotopías a nivel del significante o forma de la expresión, es decir, por el empleo de aliteraciones, paronomasias, juegos de palabras y rimas internas así como por las discordancias y vacíos gramaticales. En México, como lo ha hecho notar Mario Calderón, este lenguaje tiene su origen en algunos poemas de Los trabajos del poeta de Octavio Paz. Eduardo Milán es quien ha promovido con mayor ahínco esta poética, particularmente en su libro Circa 1994, y quien ha influido de manera más fuerte en los jóvenes de generaciones recientes.
Slang citadino o norma juvenil. En 1976, Ricardo Castillo publicó el clásico El pobrecito señor x. Tal vez derivado de la onda o de la poesía coloquial de Efraín Huerta (pensamos ahora en el “Manifiesto nalgaísta”), Castillo construyó su poesía empleando la norma juvenil, un registro lingüístico identificado con un sociolecto particular, la parole de los jóvenes. Así, este poemario es hipotexto de innumerables libros y poemas en el marco de la poesía mexicana contemporánea.
Muchos son los lenguajes literarios que nutren nuestra idea de poesía. Un poeta no puede ser encasillado en una sola de estas posibilidades sino que, por el contrario, explora varios lenguajes y en su producción se advierten numerosas vetas.
Antes de realizar valoración e interpretación críticas de la poesía mexicana es necesario desarrollar una especie de inventario de los lenguajes literarios percibidos en el país. Y es a partir de esta descripción que podemos cuestionarnos acerca del tipo de poesía que nos conmueve y emociona así como sobre los poetas que, según nuestras percepciones, honran verdaderamente su oficio.
El concepto de lenguaje literario, por razones teóricas y operativas, da cuenta de los procedimientos semióticos y retórico-estilísticos que se emplean generalmente para que un texto con intencionalidad estética sea considerado dentro de los parámetros de un género literario específico, en este caso la poesía. Sin embargo, la Poesía genuina y verdadera, aunque explicable y discernible, rebasa toda clasificación, supera toda coyuntura y manejo político. La Poesía no puede ser manipulada o suprimida cuando es auténtica, no es dúctil al capricho del poder. Por tanto, es labor de poetas, críticos y lectores ser honestos hasta el fanatismo, rendir culto y, en cualquier caso, ser fieles siempre, rabiosa e irremediablemente, a la palabra poética.

III

El título de nuestra antología deriva de uno de los últimos versos de Incurable, publicado por ediciones Era en 1987: “la luz va dándome nombre”. Decidimos establecer este diálogo con David Huerta porque, a todas luces, su obra es axial para comprender la poesía mexicana de hoy.

Jorge Mendoza
Alí Calderón

BIBLIOGRAFÍA

Calderón Mario
2005a “El signo lingüístico en la poesía mexicana contemporánea” en: Poesía
Mexicana reciente (Samuel Gordon compilador). México, University of
Texas at El Paso / Eón.
2005b “Poesía y algunos lenguajes en la generación de los cincuenta” en: Poesía
Mexicana reciente (Samuel Gordon compilador). México, University of
Texas at El Paso / Eón.
Jorge Fernández Granados
2000 “Poesía Mexicana de Fin de Siglo. Para una calibración de puntos
cardinales” en: Poética mexicana contemporánea. (Víctor Toledo
coordinador) México, BUAP.
Lumbreras, Ernesto y Hernán Bravo Varela
2002 El manantial latente. Muestra de poesía mexicana desde el ahora: 1986-
2002. México, CONACULTA.
Malmberg, Bertil
1999 Los nuevos caminos de la lingüística. Madrid, Siglo XXI.









CONNOTACIÓN DE SENTIMIENTOS









Jorge Fernández Granados
(D.F., 1965)


SOLEDAD


Nadie va a salvarnos.
Ni el amor, ni la fe, ni la palabra.
Nadie va a saber que fuimos tantos
embarcados en el haz de la ternura,
angustiados y desnudos,
errantes y remotos.

Nadie hablará por nadie.
A cada quien se le rompe el alma
con sus propios días mal escritos
o se le seca la espiga del mundo
cuando apenas la roza con sus manos.

Nadie va a defendernos
de la querella del silencio
ni a amarrarnos el nudo de la vida
o de los zapatos, Nadie
va a lavarnos de noche el corazón
con las gotas apuradas del sueño o del cariño
para aliviarnos del rudo, misterioso animal
que ama y carga nuestro nombre por el mundo.

Nadie va a salvarnos
de morir siempre a destiempo
prematura o viejamente agradecidos de lo simple,
aguerridamente tristes, y juntos, en la muerte.
Nadie va a mirarnos rodar en la ceniza
(somos incompetentes para la eternidad).
Nadie buscará los sitios
donde trazamos el alma alguna noche
con el mudable entusiasmo del amor o del instante.
No quedará tal lugar.
No quedarán los aromas ni los días ni los ecos.

Nadie va a explicarnos
porque estar aquí es ver morir una estrella en la nieve,
prender una fogata en la noche,
quemarnos los párpados con lágrimas azules,
fumar un cigarro antes de que la lluvia termine.

No tenemos tiempo de saberlo todo ni de amarlo todo.
Nadie fabrica el pan de lo divino.
Hemos jurado tantos nombres en vano.
y hemos caído alguna noche de rodillas
cerrando los ojos
porque el silencio fue la única oración
que guardaron nuestros labios,
pero no bastó para decirle a dios
que estamos solos.

Solos frente a la primera lluvia
de una infancia de aguaceros,
frente a los trenes negros de una interminable madrugada,
bajo la sombra del oyamel
que perfumó las manos de mi abuela
en una helada montaña donde aprendieron mis pies a caminar.
Solos junto al grito de dolor de los que se aman,
solos en el instante desnudo de la gracia o la verdad
solos junto al fruto
de ese cuerpo que amanece en nuestros brazos.

Solos en la espesura ancestral de nuestros muertos
y en los barcos donde zarpa la dicha o la amargura
y junto a ese desconocido que todos los días
se quita lentamente la máscara, el abrigo y las palabras
frente a la noche del mundo.

Nadie va a salvarnos.
Nadie va a saber que lo sabemos.


Mónica Braun
(D.F., 1965)



EL DURMIENTE

A veces dormías y yo estaba como nunca sola. Odiando tu respiración, el roce de tu mano sobre mis piernas, el espacio en que se había dormido tu deseo. Ya no te importaba mi carne ni esa soledad ni ese reclamo. Abandonabas el peso de tu cuerpo sobre las sábanas, dejabas que cayera todo, yo caía también. Estaba dentro de un sueño ajeno, ya no era mía mi respiración ni mi sangre era mi sangre. Yo era el miedo.

Nadie me escuchó llorar. Nadie se dio cuenta del frío. No hubo manera de evitar esa caída. Nadie pudo despertarte.


Dante Salgado
(La Paz, 1966)



[DESTRAÍDA]

Distraída
ordenas lo cotidiano
En tus manos
todo es fácil
y el mundo se vuelve pequeño
En tu mirada
una estampida de alas
atraviesa el mar inmenso.



Mario Bojórquez
(Los Mochis, 1968)


Casida del odio

I
Todos tenemos una partícula de odio
un leve filamento dorando azul el día
en un oscuro lecho de magnolias.

II
Todos
Tenemos una partícula de odio macerando sus jugos
enmarcando su alegre floración
su fruta lánguida.

¿Pero qué mares
ay, qué mares, qué abismos tempestuosos golpean
contra el pecho y en lugar de sonrisas abren garras colmillos?

Levanta el mar su enagua florecida, debajo de su piel va creciendo el otra ola dispersada en su vacua intrepidez elástica. Levanta el mar su odio y el estruendo se agita contra los muros
célibes del agua y atrás y más atrás viene otra ola, otro fermento, otra forma secreta que el mar le da a su odio, se expande sábana de espuma, se alza torre tachonada de urgencias; es monumento en agua de la furia sin freno.

III
Todos tenemos
una partícula de odio
y cuando el hierro arde en los flancos marcados
y se siente el olor de la carne quemada
hay un grito tan hondo, una máscara de fuego
que incendia las palabras.

IV
Todos tenemos una
partícula de odio.

Y nuestros corazones
que fueron hechos para albergar amor
retuercen hoy sus músculos, bombean
los jugos desesperados de la ira.

Y nuestros corazones
otro tiempo tan plenos
contraen cada fibra
y explotan.

V
Todos tenemos una partícula
de odio
un alto fuego quemándonos por dentro
una pica letal que horada nuestros órganos.

Sí, porque donde antes hubo
sangre caliente, floraciones de huesos explosivos,
médula sin carcoma,
empecinadamente, tercamente,
nos va creciendo el odio con su lengua escaldada
por el vinagre atroz del sinsentido.

VI
Todos tenemos una partícula de
odio
y cuando el índice se agita señalando con fuego
cuando imprime en el aire su marca de lo infame
cuando se erecta pleno falange por falange
¡Ah! qué lluvia de ácidos reproches
qué arduos continentes se contraen.

El gesto, el ademán, la mueca
el dedo acusativo
y la uña
¡ay! la uña
corva rodela hincándose en el pecho.

VII
Todos tenemos algo que reprocharle al mundo
su inexacta porción de placer y de melancolía
su pausada, enojosa, virtud de quedar más allá
en otra parte
donde nuestras manos se cierran con estruendo aferradas al aire de la desilusión; su también, por qué no, circunstancia de borde, de extrema lasitud, de abismo ciego; su inoportunidad, sus prisas,


VIII
Todos tenemos algo que decir a los demás
y nos callamos.

Pero siempre detrás de la sonrisa
de los dientes felices, perfectos y blanquísimos
en sueños destrozamos rostros, cuerpo, ciudades.

Nadie podrá jamás contener nuestra furia.

Somos los asesinos sonrientes, los incendiarios,
los verdugos amables.


(coda)
En alguna parte de nuestro cuerpo
hay una alarma súbita
un termostato alerta enviando sus pulsiones
algo que dice:
ahora
y sentimos la sangre contaminada y honda a punto de saltarse por los ojos, las mandíbulas truenan y mascan bocanadas de aire envenenado y la espina dorsal, choque eléctrico, piano destrozado y molido por un hacha y vellos, las barbas y el escroto, se erizan puercoespín y las manos se hinchan de amoratadas venas, el cuerpo se sacude, convulsiones violentas y todo dura sólo, apenas, un segundo y una última ola de sangre oxigenada nos regresa la calma.


Jeremías Marquines
(Villahermosa, 1968)


LAMED
Supe de ti por el ojo de la aguja.
Entonces nadie habitaba las calles angostas ni las plazas donde crecía trémula la hierba contra viento.
Entonces la ciudad apenas levantaba sus cabezas de animal herido; su inútil terquerío de ser mundo y no otra cosa.

Supe de ti por el ojo de la aguja.
No obstante la nochegrillo y su canto cristalero.
No obstante la noche.

Entonces no sabía por qué amarte o por qué salían alas y peces deformes de tu cuerpo.
Y dolía ver cómo tus carnes, lo que está adentro de tus carnes, tus huesos, lo que está adentro de tus huesos se quemaba.
Así comencé a amarte como el inmisericorde cangrejo de la ausencia, con esa ansiedad que sufren los malditos, con el ese miedo de saber que todas las palabras van al pozo donde el viento aguza su aullido disonante como el más carnicero de las fieras.

Yo y mi dorado cedal diciendo: ¿embrujarás a Behemot con tus palabras?
¿Le arrancarás la mujer que grita en lo su adentro?
Escúpele la boca a los dementes
Miéntales la madre, su edad, su sexo para que vuelvan al abismo de la O.

Aún amarte entre las cosas más pequeñas, las que se producen en los espejismos, por las que es más difícil llegar hasta el ojo de la aguja.

Mientras hablo, el tiempo teje brilladoras en las aguas,
los peces siguen el punto que a la luz conviene
y en suma ligereza el corazón semeja un continente hundido.

Mientras hablo, la cabeza de Dios es tímida criatura de colores.
Allá, la sangre de las vírgenes se mueve
entre la ola y la llama, por los tejados
el amor es un trance como de matriz parturienta:
el perfecto equilibrio, un profundo deslizarse
a la sublimada abominación del signo.

Mientras hablo, en otra parte alguien finge los pretextos del ahogado,
el apetito voraz de la mañana cuando pasa un cadáver en invierno
y nos saluda con su risa de gramófono, desmintiendo
la música inicial de la ternura,
una canción que nos recuerda el rostro de la multitud deshojando flores.

Digámoslo así:

la cabeza de Dios es un continente hundido.




DE MÁS ANTES MIRABA LOS TODOS MUERTOS (fragmento)

4 Afuera llueve. Unas mujeres colocan flores de nomeolvides y azucenas sobre el cuerpo núbil de la muchacha. Los hombres han sacado una botella de aguardiente que entre risa y rezos beben a sorbos para que no entre en sus cuerpos vacíos lo de espanto y desamparo.

No está aquí, pero todas las cosas tienen que ver con Ella:
las piedras labradas a golpe de relámpago y ventisca,
las campanas que seres diminutos tañen en nuestro corazón artófago
los días en que el desamparo es un puño de sal en la herida abierta.

—Ella no está aquí, pero nos consuela el viento.

Todo nos recuerda que todo está perdido,
que lo que suena en nuestro corazón no son más que astillas de dientes,
banderas que del viento—,
risas que van a perderse cuando la tarde—.

Todo nos recuerda que todo está perdido,
que no nos pertenecemos,
que nadie se pertenece a sí mismo,
que nos miramos al espejo a riesgo de perder el rostro
en cualquier terrosa oscuridad de sombras.


Ella pregunta si todas las cosas
estarán aquí de nuevo, cuando la luz,
como un ciervo errante,
vuelva ante sus ojos.



León Plascencia Ñol
(Ameca, Jal., 1968)


OLVIDO

Me olvidaba de la lenta letanía de tu cuerpo,
de su voz de nube.
Me olvidaba
del día y la noche, triste agonía de la palabra olvido.
Y me faltaban líneas, letras, palabras de nuevo,
para arrojar este desasosiego que me consumía.
Y me olvidaba de su rostro,
de sus cartílagos y huesos,
de sus ojos nocturnos y su aliento fugaz.

¿Por qué me faltan palabras,
por qué no sé escribir lo que me escribe?


Sergio Valero
(D.F., 1969)



[UN COLOR DE LA SANGRE]

Un color de la sangre que deseca mi cuerpo. Un tono
para cada lágrima
isósceles de la noche que encalla en una bayoneta
de estrellas
deslumbrantes. Ese triángulo líquido donde el mundo
naufraga. El prisma quebrado
del rostro de la suerte. El humor de la hiena
en medio de una risa de planetas. El olfato de un tigre
sin más raya que el olor de su piel; que la melancolía
de saber que todos sus pasos son
el compás de una letal orquesta de silencios. El recado
de un ángel; el sonido del oído
dibujando el oído, la voz, el recorrido de ese cielo
que sólo sabe ser a la mitad del miedo. La sonrisa de la luna
que cuelga desnuda
de aquel escalofrío. Y no es el frío. No soy yo. Es el odio.



Federico Corral Vallejo
(Parral, Chih., 1969)




FERTILIZANTE

Para cosechar granos de pasión,
cultivé de tus labios la saliva
y crecieron besos en mi boca.



[CADA VEZ QUE TE VEO]
Cada vez que te veo
se me hace agua el sexo,
se percibe el pecado
en los pezones de la vida
y su inconfundible olor
en el aire flota.

¡Qué lástima
la muerte
viene cargada de ayunos!



María Rivera
(D.F., 1970)



55 KILOS
O DECLARACIÓN DE AMOR AL ESTILO ROCOCÓ


Aquí no puede estar tu nombre


Desde la puerta segura del ahora,
escribo este poema: disertación
del cuerpo que perdió cuerpo: ahogada
materia: deglución y metabolismo,

ecuaciones de la química y la mueca,
la termogénesis y la rosa (mitad candor
mitad desierto): el juego
de la adivinanza tras el cuero.

Yo, Ilusionista, empavorecida
por la clavícula enhiesta
y el omóplato por cielo, preferí
la lanza roma del conjunto, la toda
vestidura: entre mis carnes crecí,
gramo abajo, gramo abajo,
en Atlántida secreta.

Ahora las barajas esparcidas y el juego roto:
mi multitud en lo invisible se despeña
y mi cuerpo se adelgaza. La forma, sí, la forma
acepta el tallo, el pétalo,
la sola certidumbre del ahora. Antes

puras provisiones. Contra la muerte
el brazo, el abdomen bien cebado:
¡provisiones! en la hambruna
del corazón, del yo te quiero,
en la hambruna ¡provisiones!
y cuerda, estetoscopio y escalpelos. Todo
muy bien almacenado.

Ahora yo, Ilusionista, ruego a Dios
por un centímetro
más en mi cadera,
que las rosas
de mis pechos
no se sequen,
después de todos estos kilos,
este esfumarse todo.

Y sí,
más ligera,
más habilidosa,
y sí,
más concreta,
más brillosa,

en el sueño del agua
con Narciso,
suplo mis otras multitudes.

¡Qué aburrido, Ilusionista, qué aburrido!
Ser esa flaca, hueso a hueso, que te engaña
con su padecimiento.

No. Yo quiero para mí, los lagos y los mares
turbulentos de los cuerpos, la cifra, el peso.

Yo, Ilusionista, no quiero volar.

Quiero este pie sobre la tierra, la estría
y el ojo oscuro del acné. También
esas cicatrices en un triángulo equilátero
(vamos, en una cama como base)
hacen la diferencia:
menos pornografía y más amor
(tal vez no amor, sólo equipaje).
Así visto
yo amaría el pliegue impreciso de tu axila,
el solo entusiasmo de tu encía, la tibieza de tu mano.

Bueno (dícese de —ya es así—así)
en la multitud de mi perdido territorio,
donde estuve yo —y yo— y yo, estés tú.
Mejor así. Rota y triste
(la misma), rota y triste la piel (qué impudicia hablar así).
Mas yo, Ilusionista, quiero pensar que sí. Que sí,
daría todos los gramos y los días, por dormir
de nuevo junto a ti. Las que fui, las que seré,
las que no fui.



Sergio Briceño
(Colima, 1970)



Fúlgida


XVIII

Pocos ovarios como el suyo, ninguna epidermis parecida. Insuficiente la boca para morderle un seno. Bardos y saurinas le reclaman: que no se vista de mendiga, engañe a Acteón, se prodigue al sexo y reinvente la flora. Cisura vellorí de su entrepierna, dime si basta un pétalo en ocasión de su cumpleaños o preciso de aljófar si deseo su cabello.



XXIII

Con el sostén ajustado y las crenchas al hombro, practica la costura. Es de las que agrietan el basalto al germinar y se acurrucan en tu pecho al oír una balada. Prefiere los tacones escarpados. Está en la mirada de la niña que hace hablar al trapo en forma de muñeca. Hoy quiero -dice- una canción bajo la lluvia, diez docenas de rosas encendidas y una copa de vino frente al mar, con un hombre que sepa de poesía y un violinista ciego.




No tengas prisa
cuando haya una mujer

Siente cómo en su garganta
se atora tu mirada

Habla quedo cuando
con ella hables

Inhala su perfume
y observa la manera
en que mueve sus labios
si algo dice

Hay un acento en su lengua
que te recuerda el mar

En lo que su vestido
no alcanzó a cubrir
imagina tu mano

Muerda sus pechos tu vista

Tiene otra carne su carne

Algo que a ti perteneció
así es que en ella piérdete
y sin dejarla hablar
mantenla en su silencio más lascivo.



Ofelia Pérez Sepúlveda
(Guadalupe Nvo. León, 1970)



SIN TÍTULO

En el Reforma es tu voz un arpón.
No está la rosa en el incendio.
No te respiro en el filtro que encierra el delfín que no
seremos.

Yo te miraba conjugar los verbos
con la mirada del mamífero que teme
y me acercaba a donde has dicho
se guarda el corazón de madrugada.

Existo,
y del pequeño continente del cristal una esquirla salta,
llega, te nombra
y me alejo sin nadie detrás de la que vino, de la que es
ausente.

Te me vas inmóvil en el rincón de la cantina
y me voy sin saber en dónde está la Ofelia que conjuras,
sin que abras tu casa a este vampiro.

Guárdame soberbia, hermética, traidora; apenas piedra
que insistes en cargar.
Y si jamás la Ofelia se desnuda
no preguntes quién hiere a quién entre bufones.



Ricardo Muñoz Munguía
(Chignahuapan, Pue., 1970)


OCASO

Ahora que eres fantasma
o flor o luz
y te internas por mis ojos
con la esperanza
de atravesar hasta el corazón,
una serpiente envenena tu belleza
y apareces debajo de la tierra
sin párpados, sin labios.
Entonces te nombro
para saber si no te has ido
o si regresaste;
el espejo se burla de mí,
los libros siguen solemnes
igual a los juguetes prehispánicos.



Estrella del Valle
(Veracruz, 1971)



MANANTIAL

No sé dónde el reloj se detuvo
a contemplarnos,
en qué páramo,
en qué sitio desolado nos desnuda,
nos baña con escombros
en este manantial que es la tristeza.

Amanezco en tu sueño, casi diáfana,
descubro que el tiempo no acepta la desdicha.




EL JARDÍN (FRAGMENTO)


Ayer le di lenguaje a nuestro abrazo
para no macerar las palabras,
me hice sorda del mundo para decir tu nombre
y gritar la maravilla de tu cuerpo.
Nunca la belleza fue tan sabia,
ni pródiga, ni humana,
para callar la voz que me hizo amante.

Ayer el caracol rojísimo del ocio
se meció ante la incertidumbre de tu abrigo.


Ervey Castillo
(Villahermosa, 1973)



DIOS ESTÁ LLORANDO EN ESTE INSTANTE

Dios está llorando en este instante, pero todos dicen que llueve, que sólo está lloviendo

Yo presiento que llora, sospecho un dolor tras la luz apagada que existe en mi conciencia, adivino ese llanto porque el agua está más triste que nunca, porque esta manera de caer es muy distinta

Todos miran pasar el tiempo como a un perro que llora adolorido, como a un moribundo que persigue a los hijos que nunca tuvo

Hoy la calle es un niño abandonado por los ángeles, un pequeño extremadamente solo; no hay vendedores ni muchachas bonitas paseando sus ropajes. Y todos sollozan en el abismo de su soledad. Fingen y esa forma de hacerlo es demasiado sospechosa

Nadie sale a mojarse siquiera las puntas de los dedos, la lluvia de hoy es diferente; las miradas divagan y al encontrarse unas con otras se intimidan

Y es que hoy caen ángeles que lloran en el patio.



AURORA DE LA NOCHE

Sale la noche entre los matorrales con su bastón oscuro y la sonrisa nublada; sale a contagiar su amargura de ciega, sin cielo y con árboles de asombro
Llega y abunda con sus ojos castigados de eterna nada, tropieza con las casas y las estrellas, asusta a los perros y secuestra al sol más noble, saca al gato y a las meretrices, ensordece al cielo con su canto

Y todos sabemos que es de noche porque se van de luto los caminos, extraviados del paso de las sombras

Esta es la noche, que, con su desgracia a cuestas, sale y maldice porque todos se duermen para no verle.



Rogelio Guedea
(Colima, 1974)


CERTEZA
Y qué será de mí cuando yo me falte
cuando una mano mía se vaya contra mí
cuando no quieran mirar los ojos lo que miro

Y qué cuando en las mañanas mis pies descalzos
mis fríos pies
no quieran levantarse más

cuando mi voz nombre a gente desconocida
y quiera mi voz a esa gente de una forma distinta pero igualmente llorada

no responderé cuando llamen hirientes al otro fulano que soy
a ese que gusta de salirse en las mañanas a buscar mujer
una mujer que lo acompañe en el almuerzo al menos
o que le pase una toalla limpia
o que lo regañe por no saber amar

y me detendré bajo el sol inmenso a recordarme
y buscaré un indicio de lo que soy
una arruga
una mancha en las ventanas de una casa

pero yo en mí he de hallarme nunca
y un arroyo de amargura seré cuando en el aire
del tiempo
sólo deje un olor de olvido
y de ceniza.



TESTAMENTO

Debo confesar que la he visto desnuda
dormir con la luz encendida
derrotada al fondo de la cama sucia
entre las colchas manchadas por pleitos anteriores

debo confesar que otras bocas han pronunciado
sus más austeras cicatrices
y se han burlado conmigo de todas las lluvias
que carga tan lloradas
y la han maltratado como a una perra sarnosa

debo confesar que también desnuda se levanta
para ir al baño
y lee las cartas que le escribo cuando no estoy
cuando de algún modo me ausento

y la he encontrado en otros labios que descubro
por la calle
y la he besado en otros rostros ligeramente fríos

debo confesar que he salido a oscuras de su cuerpo
a cazar otros cuerpos
y en esos cuerpos sin lamentos ella está
más profunda todavía más cercana sin saberlo
como si esa carne extraña conociera ya
el rumbo de mis manos.




Guillermo Carrera
(D.F., 1974)



RITUALES

nada, nada podrá ser más doloroso
que la tristeza que llevo dentro, callada y emblemática,
la tristeza antigua que recorre ruinas circulares
desde todos los tiempos,
cuando mi soledad crecía en la piel de otro
cuando mi agonía aún se negaba a existir
cuando el delirio atravesaba el otro lado de la página

la tengo en mí como un tormento
pecado del alma y sueño vertical
que arrullo en silencio
cuidándola que nadie le haga daño
cuidando que nadie la toque
sí, que nadie la atormente



heidi

no puedo decirlo
existe algo perdido
en tus senos provocadores
–de los más grandes– sueños
se ocupan de ti
hasta mirarte la cicatriz de cirugía
tú, al contrario, hasta este momento
desnuda y con tus piernas en mi cara
no sabes quién soy



CUALIDADES

amar
es querer posesionarse de otro
tener sus sentimientos
sus emociones
y por qué no: su casa en las lomas

el amor es como una prostituta
–de las más caras, por supuesto–
lo tienes un solo momento
y después se va
–con todo y cartera–
sin decir adiós




Federico Vite
(Acapulco, 1975)



PRETEXTOS

Así que bebiendo cuento tu historia
porque tu espíritu son las burbujas en el vaso
que deja el refresco al agitar el ron.

Pareces otra mujer cuando te sorbo
pero sabes que la vida es eso que sucede entre los tragos
que mis labios tocan de frente.

Y te vas al fondo
a reavivar la música de mis heridas
para que tu nombre se amotine en mi garganta
para que descubra el amor en los estragos
del silencio acunado en las botellas.



Román Luján
(Monclova, 1975)



TRIZADURA

Atravieso el dolor
doy vuelta a la ola del espanto
a esta página de furia carmesí
porque mis venas se cansaron de invocarte
porque mi frente ya no apunta sino al ángulo en
que ondulas la sonrisa
ese pañuelo moribundo

a ciegas lo atravieso
como si fuera una sustancia
gelatinosa
ensayo torpemente el balbuceo
que se obsequia en todos los andenes
y a pesar del invierno
abro los ojos
para que el viento cicatrice tus perfiles

Atravieso el dolor
imbécil
como si el dolor pudiera atravesarse
semejante al que salta por un aro en llamas
y pretende
no llenarse el aura de cenizas
al náufrago que olvida las noches sin respuesta
al divisar la proa

y como nada puedo atravesar
rasgo los muros
con los nudillos de esta voz roída despojada
de obscenos sustantivos
de tu cuerpo
onomatopeya de la luz entre mis brazos
de esta voz que ya no sabe atravesarte
de esta voz en la que sobrevives como un nombre
que desde hoy designa al aire y mi camisa
al espejo y lo que esconde
al café humeante al sacrilegio
del aura sin orillas
a tu silueta
al sol



CARDO

Vestía de girasoles
según las estaciones del pudor
mientras bajo la tela
que endulzaran sus muslos
las moscas agotaban
su festín

La habitaron crucifijos
veranos diminutos
páginas
de un diario que aún finge remitentes

El tacto en sus linderos
se volvió una costumbre vergonzosa
aunque en los plenilunios
una hostia
liviana como semen
se deshacía en su paladar

De tanto restregarla contra el aire
se escondió en los nudillos
desde aquella noche cíclica
que mayo recuerda entre sollozos

Vestía de girasoles
pero hoy no es sino el cardo
que gravita irremediable en la memoria

─y por cada nueva herida¬¬¬
emergerá con rabia de mi sangre
su cuerpo deletreado.



Jair Cortés
(Calpulalpan, Tlax., 1977)



EN ESE CIEGO IMPULSO

I

El ojo
sólo está enfermo,
nublado por un tiempo.

En el momento en que todo se ilumina,
deja su ceguera atrás
e inicia el reconocimiento de su verdugo:

muere la neblina
y lo difuso del paisaje.

Así el corazón,
en ese ciego impulso
también sabe detener el galope
y entender el brillo de los cuerpos
aún en lo más oscuro de la entraña.

II
El momento de la ira es un rayo,
un estruendo en el puño que golpea la mesa,
el flujo de las diatribas que rompen los cristales,
el ciclón de la frase y su teoría incomprensible.

La retina se estremece frente a un grito de lumbre.

En ese punto único
el hombre estalla
y es un río,
el salvaje paso de los caballos en estampida.


III
Ni el manto bordado de la castidad
ni los lados perfectos del cuadrado
ni el cuervo en su misterioso vuelo
ni la locura de los ríos al anegar los campos
ni la cópula bajo el velo del matrimonio
ni su juego inútil de rompecabezas
ni la risa del niño que juega con el revólver de la inocencia

No hay nada
que no pueda ser tocado por la ofensa.

IV
Es el rencor la cicatriz,
la herida gana terreno en la memoria
el olfato percibe un extraño aroma a trigo quemado.
¿Quién olvida a su verdugo?
¿Quién puede olvidar el portentoso aguijón del que nos agrede?

La parte que también se hereda es el resentimiento:
el leproso levanta la vista y, en el más pleno de los silencios,
renuncia a Dios.


V

¿Qué hay en los ojos del que odia?

¿Pureza negra?

¿Por qué la luna se aparta de su vista?

¿Qué hay en los ojos del que odia
que todo puede ensuciar con la mirada?



Luis Jorge Boone
(Monclova, 1977)



UNA LÁGRIMA

Muchacha, no sonrías.
No podré decir qué tristes ojos
y eso suena bien.
Haz que tiemblen tus labios arrepentidos
y no alcancen a pronunciar mi nombre.
Mira hacia la puerta como si pasaran los días
sin verme llegar.
Y si extrañaras tal vez un amor perdido…
Mira tranquila
no eres elocuente.

Muchacha, no digas nada.
Déjame imaginar cuánto cabe en el silencio:
que eres de esas niñas
melancólicas cuando llueve,
que escriben cartas de amor y nunca las envían
y cantan bajito
para no llorar en voz alta.

Muchacha, aún no sonrías.
Nos queda el final:
tu cabello inmóvil,
un rumor de gotas,
tu mirar doliente
perdido entre las nubes obstinadas
y una lágrima,
una sola lágrima por todos los poemas
que no podremos escribir
siendo felices.



Eduardo Saravia
(D.F., 1977)



LA DURMIENTE

Soy el sueño de la mujer que amo:
despierto cuando duerme.
Cierra los ojos y me encuentra,
tendido en una cama, a su costado;
nos levantamos a pasear por donde no hay caminos,
no existen palabras que alcancen al silencio.
La mujer que amo
es una sombra blanca entre mis manos,
la noche desnuda me la entrega.
Sabe que al despertar
morirán las cosas que tocamos juntos,
se perderá lo andado.
No despierta,
pero ya siente que la luz del día
comienza a interponerse entre nosotros,
ya siente que me alejo.




Luis Paniagua
(Guanajuato, 1979)



Sobre la noche
tatuada de relámpagos
oigo llover
oigo a un perro despeñándose
en el abismo de su aullido

Como si no existiera
más que la lluvia
la oscuridad prepara su naufragio
como si no existiera
más que la lluvia
inmóvil y empapada
Afuera está la bestia
de la melancolía.



Óscar de Pablo
(D.F., 1979)



SANTIAGO


es martes otra vez/ otra vez llueve
es santiago de chile y es invierno
tú caminas como un árbol sin sombra
absorta en el silencio/ inexorable
como una sola nota sostenida

es martes otra vez/ otra vez llueve
el cielo enorme nada vientre arriba
triste y azul mucho antes de sí mismo

yo sé que donde estés/ en cualquier parte
será también invierno y será martes
serás agua de estrella desde nunca
serás amarga niebla hasta perderte
y una lengua de sombra ira escribiendo
su música de leche por tus senos.



José Antonio Escobar
(Puebla, 1981)


YARUMELA
I
Del bosque vienes
de la voz profunda de los árboles
vienes

Trazada en silencio por la luz de la luna
naciste del río

Ungida por la brisa otoñal
el sendero encontraste
tus huellas anduvieron el barro
donde tu sangre imperceptible
se derramaba en humedad espesa

Antes del alba
acarició tu piel
un lobo plateado
y murmuró:
/a los cuatro vientos
que se cruzan en tu paso/
Yarumela.

II
No debí tocarte
nunca

En la bruma te encontré
sobre lascas rojizas y hojas secas
del cambio de piel
de Dios

Tu tenue aliento
esparcía la niebla agonizante
de la noche nemorosa

Se encontraron nuestras manos
en el pasto enterrado sobre la tierra
en tu tierra
Yarumela
donde
tus raíces también crecieron.

II
Nos vieron los quetzales
dormidos
caminar entre la yerba

Los aullidos del jaguar
los estertores del venado moribundo
nos abrían la noche
para encontrar el camino
Yarumela
hacia Yarumela

Para el Sur te llevé
sobre mis íntimos húmeros
que hacían de tu piel la mía

porque de ti vengo

de la luz de ti
vengo

de tu silencio
de tu nombre

IV
Estuvimos juntos

Las estaciones nos sucedieron
en lo profundo del bosque
escondidos del mundo

Con un poco de río
un lucero
y una piedra
teníamos entero el universo

Pero una mañana
cuando el crepúsculo abría los rayos cristalinos del sol

te fuiste en el soplo estival
que levanta las nubes del aguacero

Te hundiste en el cafetal
detrás de la choza
te hundiste desnuda
Yarumela

El tiempo
no será el mismo
sin ti (no habrá tiempo)

El ciclo cansado de las
estrellas
camina contigo
en la desolada selva
donde vuelves a tu tierra
/te vuelves tierra/

V
Apenas puedo sostener
las piernas
habitas el horizonte
magenta
que se funde en tu tierra

Ahora mis manos
están cansadas

ya no siembro los surcos
de Yarumela
y mi cuerpo lánguido
se deshace en el campo
donde dormita el centli
quemado por las miradas de Dios

Ya muero
ya me siento débil
sobre los árboles caídos
en el llano

Pregunto
si después de que el Dios del hombre
acabe con tu selva
seguirá tu espíritu en el hálito
de la tierra

Me arranco de aquí
de ti
voy a un viaje largo
Yarumela
en busca
de Yarumela…



Sergio Téllez-Pon
(D.F., 1981)

A UNA BELLEZA FUGAZ

Vino de atrás:
Rebasó mi camino
Y sólo pude
Admirar
Su andar
Demasiado ligero

Esa ligereza
Que sólo se ve
Entre lo que se
Saben hermosos

Esa ligereza
Que les da
Un aire de
Seres amigables
Con todo el mundo
(Caminan
Siempre
Con una sonrisa)

Esa ligeraza
Con la que
Dejan una
Estela
De su aroma
Impregnado
En la nariz

Su aire juvenil
No importando
Andar bajo
La lluvia torrencial
O el calor
Sofocante

Su andar liviano
Con el pelo negro
Brillante y ensortijado
Con su bronceado
Tono de piel
Y se figura
Atlética
Para andar
Demasiado liviano

También así se fue,
Como sólo
Las cosas ligeras
Se esfuman.





Alí Calderón
(D.F., 1982)


POBRE VALERIO CATULO
A quién darás hoy tus versos, infeliz Catulo?
sobre qué muslos posarás la mirada? Qué cintura rodeará tu brazo?
cuáles pezones y cuáles labios habrás de morder inagotable hasta el hastío?
Termine ya la dolorosa pantomima: fue siempre Lesbia,
exquisito poeta, caro amigo,
un reducto inexpugnable.
A qué recordar su mano floreciente de jazmines o aquellos leves gorjeos
sonando tibios en tu oído?
para qué hablar del amor o del deseo si ella es su imagen misma?
por qué evocarla y consagrarle un sitio perdurable en la memoria? por qué Catulo?
por qué?
Que tus versos no giren más en torno a sus jeans, a su blusa sisada,
que tu cuerpo se habitúe a esa densa soledad absurda y prematura,
que su nombre y su figura de palmera y su mirada de gladiola
se pierdan, poco a poco,
ineluctablemente y de modo irreversible,
en el incierto y doloroso
ir y venir de los días.
Y que a nadie importe si se llamaba Denisse, Clodia o Valentina
qué caso tiene pobre Valerio Catulo? qué caso tiene?



Claudina Domingo
(D.F., 1982)


CIGARROS

La vida es humo
y cenizas,
y las bocanadas que le robamos
mientras arde su fuego.




UN VASO

Su transparencia nos engaña:
no es espacio ni luz,
pero así, en general,
son las cosas:
un poco de ilusión
nos salva del vacío.



Carlos Roberto Conde
(Puebla, 1982)


NINFA

¿qué es esto que furioso se desliza
por tus brazos
coronando tus hombros de blancura
que marcha acariciando las baldosas
arrancando sonrisas de las piedras
¿qué lumbre es esta que tu pelo enciende
al devorar la noche
¿qué filo es este de palomas
de fugaces lepidópteros
volando por tu cuello
¿qué es esta melodía
sonando en tu cintura
¿qué es esto que hay en ti
que cede transparencia al aire
que torna el agua en vino sin remedio
que avanza en mí royendo
hiriendo
lacerando
que me vuelve
despojo amorfo
botín de bestias?





Alberto Trejo
(México, 1982)


REGRESO A LA SAUDADE
Porque tendría que escribir
de los once siglos de soledad de Palenque,
de estas ruinas llenas de turistas,
de mi vida contigo,
de tu ropa mojada,
del olor a luciérnaga en tu cabello nocturno,
de la soledad de los glifos mayas,
de mis veintidós años de vida,
de mi oscura palabra interior,
de mi sensación de árbol
para tu pequeño cuerpo de niña.
Porque tendría que hablar,
Escribirte una carta, hablar.
Porque todo esto es polvo inevitable:
tus oscuros ojos,
tu ropa interior mojada en el baño del hotel,
tus senos en un espejo de diciembre,
tu breve falda,
tus orgasmos en mi boca,
el amor,
el sexo,
tu casa con tu cuarto y tus libros
o tus libros y tu casa y el amor y el sexo y tu cuarto
y otras pequeñas muertes mañana.
En fin, la lista de cadáveres no terminaría.
Y sí, inevitablemente somos
arena de un reloj que se acaba.


Christian Peña
(D.F., 1985)



*

Bajo tu falda abandoné la infancia. Supe de secreciones, del olor que produce el cuerpo cuando aumenta su temperatura. Mamé la oscuridad entre tus senos. Llené de espuma la oquedad de tu vientre. Chupé el hueso encarnado del amor correspondido. Incendié el mar contigo: la noche era una hoguera interminable, los barcos eran llamas que se hundían.



*

Te escribo en este instante en que la noche aún no es noche y el día es tan oscuro que se le parece. Dibujo tu cuerpo en la pared y la pared gotea. Digo que te amo y lo que digo crece una vez más por cada eco; lo digo al lado de tu nombre y la marea sube.

Cuando no estás la cama es una envergadura que de tan dulce duele.

Teje su sombra a mis pasos para que sepas dónde voy, para que me persigas, para que tu silencio ilumine mi camino.




Samuel Espinosa
(Puebla, 1985)


III (DE DOSSIER DESESPERANZA)


Y sí
Yo soy el loco de las calles mudas
el despreciado de su sombra
la brava marejada que se estrella contra el muro
que se estrella y vuelve y no se cansa
Tengo en la boca palabras por espuma
y rujo enrojecido al pronunciar tu nombre
tu nombre que es cristal quebrado con las muelas
que es herida supurando mares
que es escozor y llanto y tiritar de dientes
Y todavía soy sal del mundo ante la llaga abierta
la lluvia que se arrecia y arrebola
el atalaya de sonrisa recia
la enredadera del terror nocturno
Y soy de tarde en tarde la prisión
de voces insensatas
el holocausto de mi propio nombre
respuesta a la pregunta inevitable
la risa del sediento trueno
Soy el silencio tras el puño ocioso y soy aliento contenido soy
sepulcro blanqueado por la historia
Soy el profeta de su propia muerte
la rápida visión de la vecina en la ventana
esa vecina que tortura niños con sus labios
soy las escamas que desprenden de tus ojos
la rima rencorosa en verso ajeno
el celador del hambre en otros cuerpos
la aparición no descubierta del precio en el regalo

Sólo la llaga en escarlata puede hablar con mi silencio.








TRABAJO DEL SIGNIFICANTE




Jorge Fernández Granados
(D.F., 1965)



No puedo saber
cuánto hilo le faltará a mis manos
para terminar esta tela.
Creo que ha sido la blancura
su tenue vocación y su misterio.
La trama profunda
que el inocente azar de su dibujo
y la solitaria fe que cifra el ritmo
de mis manos a la urdimbre.
Quizás esta tela es toda para el viento,
vela para un largo viaje en la incensura
de un lento mar que llama, lejos.




Julio Trujillo
(D.F,. 1969)



UN OBOE

Bajo el respingo de esta esdrújula
cabe un oboe.
bajo el oboe
podrá caber un objetivo tórrido
o toda una sinfonía en la cúspide de un muy vivaz allegro.

Pero el oboe solicita un óleo
un la bemol con vaho,
una ele deslizada
que vaya así languideciendo
hasta el silencio.



Víctor Ortiz Partida
(Veracruz, 1970)


EL PARPADEO DEL MURO

De la noche a la mañana la ventana es el parpadeo lentísimo del muro.
Puente aéreo entre el esclarecimiento de la alborada y el recinto noctámbulo del imperio de tiniebla.
Coronadora de la nueva dinastía del color que se pudrirá insepulta en la isla de la memoria con vocación de calabozo: la ventana puede cerrarse para siempre.





Ofelia Pérez Sepúlveda
(Guadalupe, Nvo. León, 1970)



FUNERARIA


UNO

He venerado dioses bajo la sombra que los árboles dejaron en mis hombros.
He venerado símbolos creados por la mano que gobierna los aplausos y
caídas de los hombres.
He venerado dioses desde el filo de mis ojos y mis dientes y he mirado y he
comido de la carne de la tarde ya ofrecida.
He venerado dioses desde el canto y hacia el canto me han llamado las
sirenas que comandan los que nombran y designan este mundo tan
pequeño, tan apenas construido, esta sílaba la evoco y acaricio con mi
lengua, con mis años y te pido una mirada, una caricia y tu cuerpo
congregado me detiene, me ilumina ese estar tan de repente sin el
ánimo de siglos, de accidentes y tu cuerpo congregado me detiene.
He venerado dioses que mi mano construyó, he construido dioses en mis
lágrimas cayendo.
He levantado dioses de ese estar tan de repente en la trampa del insecto que
en tu vientre se detuvo, del hallazgo que corona tu silencio, tu recta y
solitaria compañía.
Bajo Dios, toda criatura es alabanza.

He venerado dioses y oraciones, he creado el aceite y el incienso con que nombro
los rituales transitorios de los hombres que veneran a su imagen semejanza.
He atrapado en mi cuerpo los dolores y los dioses, fragmentos de una luz
imperfectible que me ciega esta humildad de su reino y su alabanza
me han llamado.
Pero me gana el vientre, la inmóvil percepción de la memoria.
Bajo Dios toda criatura es una efigie, un ciempiés que atrapado nos contiene.

He venerado dioses con la fe de su cuerpo que ahora quieto se congrega y
que ahora quieto se congrega y abastece.
Bajo Dios toda criatura es demonio entre la esencia.



PAUL CELAN Y ALTO EL PENSAMIENTO COMO UN ÁRBOL

Ningún testigo, Celan
ha de arrebatar esta hendidura,
este clamor irreversible que es la espera.

En vano afilamos nuestros cuerpos.
Porque ninguno empuja el marco de la puerta,
ninguno desatornilla las ventanas,
mucho menos asalta el correo con postales y boletos.

Venir desde la noche con el frío consenso de nombres
que pasan como hojas de afeitar en las esquinas de tu brazo,
justo en el ángulo de los días y la dicha.

Qué agónica presencia la del arpa que tensa te combate





Claudia Posadas
(D.F., 1970)



PAROXITUM

El gesto con que reconozco el día
y que disipa la ambigüedad de la noche,
la fulguración con la cual recupero los nudos de mis actos,
de pronto carecen de sentido.

Cuanto habría de decir me es ajeno.
No comprendo las palabras
y ni siquiera las recordaría si alguien las nombrara por mí.

El ave del significado es una ráfaga sin forma.

Cuanto habría de enfrentar es inalcanzable.
Me vence el estancamiento de mi sangre,
el hastío de quien ha retornado sin gloria ni derrota.

Me abandona la tibieza de lo que había creído como una pertenencia,
y lo incierto me jala como una caída irreversible:
todo signo se convierte en vértigo.

Porque había decidido callar
y desertar de los puentes. Puentes de razón,
puentes de lenguaje,
puentes de poder,
puentes,
insondables puentes que se fueron tendiendo bajo una extraña vigilancia.

Porque había decidido abandonar la sombra
y no cumplir sus votos en palabra,
acto o pensamiento,
no ser para intuir hasta dónde me tomó la inmisericordia
y dejar lo que no me pertenece
y encontrar lo hermosamente mío.

Y todo en nombre de un corazón que desconozco
y que mínimo,
abisal,
sostiene mis cansados desafíos.

Y todo en contra del absurdo,
todo por reconstruir los tejidos de esta cárcel
a imagen y semejanza de la transparencia.

Pero inmóvil,
en esta orfandad,
nada existe sino el miedo.

¿Qué será de mi carne sin su altar de lo aprendido,
de lo visto,
una forma estéril e imprecisa,
sin los hilos a los que había atado su memoria?

Y si todo es aparente,
la construcción de una conciencia arraigada por costumbre,
¿podría permanecer sin asidero pensando que la cárcel no es real?
¿Qué es lo real entonces,
dónde su verdad que me es negada?

¿O mejor debería guardarme en la locura y fundirme en sus astros invisibles?

El salto, la caída, abandonar la irradiación de lo habitado,
cómo duele este paso decisivo.

Y todo por saberme,
por hallar otro fundamento,
un orden contra este invierno viejo,
inalterable,
donde el corazón es sólo el vestigio de una luz vencida por el tiempo.



María Rivera
(D.F., 1970)




Bajo el árbol de la noche la escritura fragua la luz,
consume la piedra que sostiene el mundo.

El párpado, donde eres signo sin sonido, escribe
Este tiempo no es el tiempo, es
gota aterida que lenta se desangra,

dice,
día: viste mi noche con antorchas, dame
la mirada, el orden, la precisión:
el instante va, viene, puebla ya otra tarde.

Atada está mi mano y mi escritura, mide ya
su íntimo naufragio




Mónica Nepote
(D.F., 1970)



A esta mujer la sangre se le fuga
en un torrente de tardes en el pasto.

Con toda la calma y la paciencia
abotonada entre los dientes,
con las manos lastimadas
por la furia del jabón.

Su falda es la bandera
que dibuja los límites del cuerpo.

Y está ahí: quieta
en su misión de sostenerse
de un hilo delgadísimo, sin murmurar su sueño desvelado
de mujer corrompida
por el alfabeto salvaje de las cosas.



Luigi Amara
(D.F., 1971)



LOS LARGAMENTE INMÓVILES

Vuelves la página
y piensas
que un telón se descorre
sin ese oleaje oscuro de la tela.

Adivinas ya la penumbra,
el escenario,
la mesa puesta y tal vez los relámpagos;
relámpagos colgando del techo del poema,
candelabros sonoros,
tan largamente inmóviles.

Vuelves la página
y esperas
un mobiliario en silencio,
unos actores;
látigos en tus ojos que seccionan el aire,
como el primer aliento,
quizá el segundo,
como la tercera llamada que los despierta.
Torpor y herrumbre.

Se descorre el telón
a otro telón
y a otro.

Puedes notar
—al margen—
que la tela es más grácil.



EL PARÁSITO

Nada como el deleite de contemplar la acción
y no mover un dedo;
estar completamente absorto
y en silencio
siguiendo el hilo del evento más nimio.

Nada como apoyar el rostro en el marco del vaho,
con boca, frente y manos cual siniestras ventosas,
mirar la gente que cruza,
sucediendo despacio;
la distorsión de la calle en las gotas del vidrio.

Estoy viviendo el gozo de un bostezo muy largo.
Contento en mi postura,
en la pesantez de mi carne,
nada se escapa, con nada se interfiere,
me place la manera en que me mego al vidrio,
cómo el cuerpo se adhiere,
se adelgaza;
sonriendo inútilmente
me descubro translúcido.




Álvaro Solís
(Villahermosa, 1974)



FINALMENTE

Persiste, no en la flama,
sino en la desnuda luz que no calienta.
No en la luz de las antorchas
que incendia la mano que la porta.
Es otra luz que no enceniza
ni transforma lo sólido en etéreo.
Persiste, en la luz de la vela que está lejos,
que no puede apagarse ya con el aliento.
Persiste, no en el vaso,
ni en la arisca gota de la lluvia,
no en el río.
Es otra el agua que llena estos depósitos ocultos en el cuerpo.
Persiste, en el mar que se oculta a la mirada.



Edgar Valencia
(Torreón, 1975)



VISTA AL MUELLE

Pasan los barcos y no queda más rastro de ellos que el humo y la distancia.
Mar arriba enmudece la nube
buque pretérito de proa interminable.

Aquí las montañas son olas
de arena, movimiento paralizado
como por algún miedo.

Y en el regocijo de la lluvia
el barco avanza en un asombro de espesura
que algo tiene de triste y de domingo.




Pablo Molinet
(Salamanca, Gto., 1976)


CIRUELO

I
Una cosa no tiene espacio sólo en lo visible.
El ciruelo que fulge en mitad de la tarde inicia en el olor…
Tiende un círculo fragante en el que dormitan sus silvanos,
espesos y sutiles a la vez.
…termina en el sueño, y en la memoria:
cadáveres granulosos, orgasmos, ríos,
inician en lo invisible y terminan en lo soñado.
De ese lado de la luz está su nombre.

II
Días que tienen que pudrirse, que se doblan viscosos sobre sí y, despacio, se disuelven en el tiempo, para que otros prosperen. No todos los ciruelos permanecen, pero en el universo, donde está la idea de la estrella y la idea del círculo, está la idea del ciruelo.

III
El ciruelo no cesa, es un avatar del agua y de la luz; el agua y la luz, avatares del universo. ¿El universo contiene, como un odre, la vida? La vida es un hálito que fluye. Rosa, cauce. ¿El universo es Su caracola? ¿La música es sólo cuando brota? El universo es Su caracola. El corazón es la caracola del hombre.

IV
El viento cambia de color al roce del ciruelo, el hálito de vida cambia de color al roce de una mujer. ¿De qué color es la fiebre? Violeta, como los seres y los carros de Ezequiel. “¡Oh, la Omega, reflejo violeta de Sus ojos!”.

V
Floración del ciruelo, marzo. Floración del silencio, música.
El universo se llena de pájaros; las ramas de la página, de música; las ramas del corazón, de mujeres.

VI
Octubre en el ciruelo, desnudez. Octubre en el corazón. ¿Por qué los árboles se desnudan para el otoño? ¿por qué la Luna se desnuda para la noche? ¿por qué la lluvia se desnuda para la Tierra? ¿Por qué el corazón?

VII
Preguntas en el corazón, retoños en el ciruelo. El olor del corazón, ¿el alma?

VIII
El alma cobija a los silvanos del corazón. El corazón tiene raíz y unas frutas ácidas, narcóticas, húmedas, translúcidas. ¿El viento, Él, y la lluvia y el otoño, y los pájaros? Zeus se disfraza para seducir a Dánae, para raptar a Europa.

IX
Fragancia. ¿No estar en lo visible significa no estar? De otro modo, con otro peso. Los silvanos están, son en la fragancia. La fragancia no está, no le puedes asignar un lugar en el espacio, pende del viento. ¿Dónde está el viento? Si la fragancia tiene forma, es de corona. “¡… los amantes / de alma en forma de corona!” Nadie, en mitad del verano profundo, puede negar la fragancia del ciruelo, entre el zumbido esmeralda de los mayates. ¿Y los silvanos? Son invisibles, son la vida secreta del árbol. Alguien podría decir que no los ve, y colegir, de esa sola premisa, que no están.

X
“Bienaventurado el que creyó sin ver.”

XI
Otro peso, otra posibilidad de permanencia, barca sutil, que no hendía el agua, recogió el cadáver de Arturo en la playa.

XII
“Ahora vemos por espejo, oscuramente.” La fragancia del ciruelo es su más recóndita luz.
¿Se puede ser sin estar? El silvano no está. No aquí. No a estos ojos. Sin este peso. Gravidez, raíz poderosa. No está la fragancia, su ausencia es presencia. Ámbito rojizo del silvano, presencia ausente. Como una ventana, hueco de luz.

XIII
Carecer del peso de la caída, o del ahogo. Días ciruelos que, plenos de peso, incapaces de hallar espacio en el no espacio de su fragancia, se desvanecieron en la Tierra. Incapaces de permanecer flotando en el no espacio del sueño. “Lleno de mí, sitiado en mi epidermis”, ¿qué perdí, Pedro, por haber dado sólo dos pasos sobre el Tiberíades?

XIV
El ciruelo, lo sabía Simone Weil, vence su peso, tira hacia arriba, trepa por el Sol. Upsy daisy, arriba, perezoso. La bailarina en su mínimo instante, el poema durante dos acentos. Lo que pesa sólo será justificado si se revierte a sí en vuelo. La bailarina cree que vence su peso, lo vence. Temer caer, temer flotar.

XV
Es sin estar, desnudo de forma. ¿Alas del ángel o idea de alas? La idea no está, es.
“Muchas veces, la música es la idea.” Imaginación, reino de estar sin ser. Poesía, lugar de ser sin estar.

XVI
Las alas son para los pájaros. “Los ángeles son pájaros del alma.”

XVII
El olor del ciruelo se intrinca en los olores. El jardín invisible es un tapiz. El ciruelo se queda quieto, si camino un poco entre la luz húmeda de los naranjos, me alejo un poco, ya no hay ciruelo. Pero hay ciruelo. El jardín visible es cambiante, cifra de formas finitas, colores que giran, uno sobre otro, se recomponen a un latido de Sol y nube, ciñen mis ojos de diademas ardientes. Rosa, agapando, tulipán, manzano, retama. El jardín invisible no teme la inmutabilidad de la distancia, lo sube el viento, lo baja, lo reduce a gemido, lo ensancha a canción. El jardín invisible es febril, delira de azahar. Sin ruido, sin sombra, sin huella, el jardín invisible es.

XVIII
Luftteufel. Dominios, potestades del aire. El Reino está sometido a violencia. “No creas lo que oyes, no creas lo que ves / si sólo cierras los ojos, puedes ver al enemigo.” Iridiscencia de putrición, Tierra que vive de muerte. Gusanos ascienden en convulsión viscosa y amarilla. Manos secretas cavan trampas en las praderas de la brisa. “Mi enemigo no eres tú, tu enemiga no soy yo / el enemigo común / está alrededor / sácalo sácalo / antes que nos lleve el diablo…”

XIX
Estar. Mantener un lugar en la posibilidad de los lugares. No estar, ¿ser en todos a la vez?
La fragancia del ciruelo, ciñéndolo. Pero, si el viento quiere, es un manto que flota, flamea, se expande, se reduce; dúctil, móvil, ágil. La fragancia del ciruelo que se agita, que ondula en la humedad umbría del verano, es una danza, alta y secreta. Y la danza es el corazón del movimiento. Movimiento del ciruelo, ajetreo de savia, temblor de yemas. Danza, también, pausado, danza de Tierra. Movimiento, vencer la resistencia. Danza, esquivar el ataque ciego del peso, Aiki-do. El mar, espeso y pesado, salta, y en un reclamo ronco, tristísimo, cae en sí. Lo que está puede no moverse. Las montañas son susceptibles de movimiento. Lo que es se mueve: YHWH, soy el que soy. JAH, ja, da.

XX
Ser sin estar. Voz, silvano, olor del ciruelo. El olor del ciruelo es el lugar del vagabundeo ingrávido del silvano. Y el viento sostiene lo ingrávido. Y Jesús caminó sobre la mar.



Hernán Bravo Varela
(D.F., 1979)



RAMAS

Entender el follaje significa traducir una imprecisión de destellos a verde evidencia,
hacer una pausa ante la música que arriba,
sugerir el verano en sus avances,
conjugar su luz a modo de ventanas posteriores.



Una astilla de fiesta,
un oboe impostergable,
tañido de alcatraz sobre la lengua.
Un repicar de campanas que a manera de brazos me sorprende.

Son las diez de la mañana.





Hasta el momento final la luz nos pertenece: es la coartada perfecta para ocultar instrucciones de zozobra (la iluminación que ha sido constante permite afirmar que toda consunción es acertada).

Alguien ama a oscuras,
pretendiendo débilmente con los ojos dividir el cuarto en dos mentiras: el centro de la alcoba y el sepelio.

Hasta el momento final todo es ceguera.



Francisco Alcaraz
(Culiacán, 1979)




Mi muchacha crece en el más alto grado del fuego. Su desnudez es la medida de todas las cosas. En la simetría del hombro la noche confirma su divina arquitectura.
Eléctrica nube del azoro, cielo cargado de silencios precisos.
Toda la noche llueve.



Eduardo Uribe
(D.F., 1980)



LA MEMORIA es un tren que parte
y no es posible
viajar de nuevo a lo vivido.
Y en ese paraje, donde sólo la vida
inventa los recorridos y las horas
de salida o llegada,
la mirada es distancia
y las horas pasadas se confunden
con lo visto. Se precipitan
los días hacia una terminal
desconocida y sin sentido.
Todo se va con la prisa del mundo.
Pero el delgado instante
en que vi tu rostro
y la luz humedeció tus labios
permanece.



Alí Calderón
(D.F., 1982)




[KENTUCKY]


Las luces cambiaron en West Vine y Broadway Street
el viento helado amortajó la tarde
volando un grajo sajó la transparencia
y la luz en las hojas
el trazo de finos pinceles parecía

en el aire altísimo
la claridad del día
supuso una presencia.







NEOBARROCO








Ernesto Lumbreras
(Ahualulco de Mercado, Jal., 1966)



OCIO DE BARBERO DURANTE LA GUERRA

Tronó la girándula de su caramelo con los enlistados besando a las novias. Hizo arder las brujas blancas del tapiz de sus eyaculaciones. Entregó a las carmelitas la música de su navaja, prolongándose en la numerología de los espejos.
Silba con delantal la caballería de Rossini removiendo la espuma de un mar muerto. Pone brea al sillón volantín, escrupuloso en el arte de las mortificaciones, tras las noticias del frente.
Acabará la balacera un día soleado, piensa con la aritmética de barbas en remojo, pusilánime tras el turno de esmeril de sus tijeras. Melancólico por las bajas del equipal de sus prórrogas, vuelve a la carga con su mantel de seda, cubriendo una parte de cielo.



ESPUELA PARA DEMORAR EL VIAJE

1
Despierta entre el presentimiento del patíbulo y los vapores del baño de su concubina más joven. Soñaría con una legión de ánimas confiándole una almendra, leales a su trueque de minas por incienso.
Honorable el repique de sus botines en el empedrado, entre el relámpago de la golondrina marchará de su casa de mimbre a los infiernos. Luminoso es su movimiento como el de un felino a la falda de su dueña bajo un sonido de llaves.
Con apostillas de trébol le habla su corazón. Memoria de centavo bajo la maceta, un temor le rondará, impecable, al doblar las esquinas.



2
Oye la campana y el vértigo de su corazón define el monosílabo de tacones tras el alba del hisopo.
Alebrestado chapulín en brasas, lo sacude el temblor de su sangre. Con órbita de bacalao desde el sitial de órganos, furtivo de su propia turbación, dispone rúbrica de número a los ejemplares de su instinto.
Última letra de su ejercicio será la quietud de una liebre al escuchar su orina. A fama de tahúr, guardará en el zafarrancho una espuela para demorar el viaje.




Daniel Téllez
(D.F., 1972)


DIAMANTE
1
oblicuo obelo
macera
al bies el reojo
Asuso
donde trueque
-es cuadro
al viso dominado
El cuadro espera
opaco a la copa
al sesgo moviente lumbre
cae
cae pétrea
(quitar hierro) caediza
Mano roquera
de refilón otra-------------
otra vez
al cuadro


8.

Fuera de tus vísceras deja la amputación del escrito
que las manos cargantes reproduzcan el peso del reptil cuerpo
lleguen dos congojas a mi oído cuando el olor membrillo de la tarde sea
y vuelen en parejas hasta ti mis dulces cuervos
casamata de polvo en dos mejillas asfixiadas.
Alza los ojos cuando te veas caer en la recámara
un niño con fiebre repetirá tu nombre de memoria
velará la aladrada frente de tu mujer de selva
celará la nada de tu polen de arcilla.




17.

De raíces surcado canta seco, árbol de octubre exhala
desmenuza en el espacio de la lluvia a la orilla
todo es de simulacro desvarío. Playa verde abre el agua
siembra de profundidad el rumor del polen
único cardumen etílico habítame
verdes arrugas confundan el recuerdo de la sangre
detenida.



Rocío Cerón
(D.F., 1972)




Orza el timonel (la casa será el mundo)
con la calma de la pausa el mar recorre la proa, deletrea la quilla,
silencio a derredor, un golpe apenas se aparea:
goteo de alcohol sobre la borda.

Anda curtido de sal, de rastros minúsculos de cielo
(irrumpen olas a destajo)
crujidos, madera engarzada de tempestad y rabia,
irrumpe un paso más:
la caída de un cuerpo en las amarras.

Sin paz, sin voz, mecido al viento y a la suerte,
Atrapado por el olor a yodo (el laurel no habita en su cabeza)
sujeto por la sal que trae consigo la desventura,
huele su líquida fortuna.

En la almadraba los atunes (prisa y bravía, sopor),
ante el calor la ocultación de la fiebre, el pasmo;
embrutece el ruido al oído, rastros, olores:
en el ámbito de su piel (paisaje) se solazan los insectos.




Víctor Cabrera
(Arriaga, Chiapas, 1973)


UN LANCE
El umbral del dolor que abre la llave.
El candado que niega la salida.
El cuerpo en vilo que se rige por las leyes del taladro:
girar sobre el eje de su luz en tanto excava un surco en la mirada.

El surco
—que es la luz—,
la imagen de su vuelo suspendida en el instante
y un instante
después su consecuencia:

la plancha que fractura el fulgor en mil astillas.

Chispazos,
esquirlas de su sombra
que trazan en la lona un acertijo:
el nudo de rencor en que se trenzan
el calculo científico,
la ira marrullera.

Y un instante después
El Fin
(que es la caída).




Balam Rodrigo
(Villa Comaltitlán, Chis. 1975)


HÁBITO LUNAR (fragmentos)
i.
En herrumbrados pulmones, costal enfermo de palabras deslunadas, azotado por el viento que desyerba las agallas del que canta, así vengo, con testículos brillando como brasas, con filosa lengua de tanto devastarla, con garganta que darda flechas que silencian y que claman: Traigo con su collar de muerte a la muerta palabra, punzón de luna, espina de la ceiba, ojo del aire que atraviesa una muralla. He aquí el poema, he aquí su rabia. He aquí a la muerta lengua, a merced de los perros que la infaman.



ii.
Rumiar con los belfos prestados de la bestia el hábito lunar que gangrena nuestras horas, nuestro cuerpo despojo de amaranto en la ribera, hierba impasible del que gime y del que verba: Crotalarias bajo mi lengua, hormigas lluvio sobre la ceiba, untada espina la del aire en las heridas que me agrietan.



ABRILÉSIMA NOSTALGIA
1.

El marimbar de la lluvia es abrilésima nostalgia.

Un olor de mangos resucita los bemoles que la tarde hiere
al percutir su música de zinc tras goterones y aguaceros.

De la trópica lluvia los tenues hilillos escurriendo
en paredones y arboladuras cual aves en los postes
de petrificada luz y canto que fluyen hacia el mar
en una lluviación de sextantes muertos.

Quejosa es su tonada, su piar de ninfas que habitan
en oscura sal y tesituras.

Ya canta la batracia tarde su creación madura,
su bichosa faz que de un salto inunda todo
con sus anclas de agua.

Lenguación tras lenguación, líquidos insectos
muertan las ciudades:

Efímero es su lluviar entre los brevísimos nosotros.





Karen Rojas Kauffman
(Puebla, 1979)


DE TU MUERTE: EL DERRUMBE


Bajo las arenas claras suspendido
lento bramido de sol
enraizado en sales y peces
(infatigable juego de honduras
vítreas)
tu estertor de calamar se reblandece

Grave muerte de animal que me derrumba



MUERTE EN PIROVANO


Repten pájaros tu muerte en Pirovano,
viren cuervos que aleteen al norte de tu pelvis
entre la canícula del mediodía
y la jaula malva de tus aguas.

Aunque animal de tierra en soliloquio
tu cadera,
redobles profundos acompasaron tus huesos
el tango de la luna.

Te aferraste árbol de Diana en las costillas
engendrado el cosmos.
Tus ubres poveyeron de azúcares la vía láctea
entumiéndole la lengua
con tragos de veneno.

¡Qué ansía de perfumes emanaban tus pendientes
Alejandra!

¿Qué presentimiento de gitana te habitó el ombligo
errándote el destino
volcando en polvo
todo el oro que tocabas?


Sergio Ríos
(Toluca, 1981)



DE CETRERÍA


No volver con el agravio de imaginar la cítara o el guante cuerpo si al menudo remolino pueden desterrarse partes; una lección de espalda: el peso debe convertirse en alfil discreto, palmas deshilvanadas, orfebres como la saeta, lo curvo, lo protervo, lo nervado. Las redes de la jauría, al fin hélice del árbol, preguntarán como péndulo en contra, como flor de garfios. Una almena muda sin quilla. Pero yo vi álula umbría, sobre un trapecio convulso su baño de viuda, porque si un pozo en vez de jardín la espiara lo zopo en la rama no viera.



CENSURA
(ANACRONÍA A MODO DE TESTAFERRO)

Peligroso a los mancebos aún, y por igual a los amancebados, con trajín de idas y vueltas (como abundé durante el Sermón de los Gatuperios Carnales), y a todos los humores sin recato de seso, y fe de marrano, y átomos torvos, es la avería que por bastardo asunto, usa el tal tratado intitulado “De Cetrería”, con montes de fingimiento; que jamás vi siquiera entre los naturales de la Panonia a la Aquitania, que parece hechura de pesuños remotos porque nada contradice la dicha ruindad que de los que en las provincias de las Indias moran; que mucho ofende el estómago de la cristiana; que parece fórmula liviana de oráculos, y hay brujas (MAELLUS MALEFICARUM), y aves de sortilegio; que si engarza esta palabra con esta escura, ninguna regala y todo queda tartajoso. Ansí para el falseario, que escribió el tal tratado intitulado “De Cetrería”, sea mejor el vulgo de la soledad y escuela el llamado somorgujo. Ansí ni pliegos, ni maravedí, ni óleo de impresión para este recóndito bestiario. Ansí destiemple cada yantar, y se ayunte ojo y oreja de aguijones de pecado, para el que hogaño lo leyere.




Yo, Nodriza Umbilical de los corredores, execro y desdigo: que el vendaval del bosque no tenga raíces aquí, ni sea tu árbol un cepo curvado; que las baldosas se bañen como peces impávidos y nunca repitan el cinismo del eco; que deshielo en los espejos se interne con una caducidad vaga; que el camafeo de tus renuncias no cifre un lado espurio y un lado parásito; que desde las mutaciones del hartazgo restes anécdotas de silencio y te invada el párpado voraz del sueño con su espesura de oro aterido y que con sus estatuas entredichas como dandeleones canos prolongue la ineptitud de las horas; que el revés de tus preguntas, Pupila de la Endecha, se consuma en el menstruo de cien luciérnagas, en el abrazo quelícero de cualquier ayuno, en el rocío ensordecedor que te circunda.









IMÁGENES DE LA NATURALEZA










José Homero
(Minatitlán, Ver., 1965)



EL VERANO, SUS FRAGMENTOS

Acaso las gaviotas escucharon el oleaje,

el instante en que las nubes
y la brisa
retiran las estrellas
como el océano
las pisadas
y la espuma se persigue y se
inmola
turbión de flamboyanes
en el altar de las peñuelas;

tañían las campanas
y jóvenes nudistas vagaban por la playa
de espaldas a la luz
que resbalaba
por sus cuerpos de hoguera
y azabache

caminábamos

sin miedo a los guijarros
formando caracolas con las manos

y un agua sucia
de pétalos de luna
huía en nuestros dedos.




Luis Vicente de Aguinaga
(Guadalajara, 1971)


LOS PÁJAROS NO SE IMAGINAN


Los pájaros no se imaginan. Se ven
y ventilan el aire.
Un pájaro: el aire
no se imagina
aves
ángeles
gregales,
montones, triángulos
en orden, pirámides que vuelan
con la espalda al cielo.
Los pájaros
nada se imaginan. Vuelan.
Los pájaros, en general, no se imaginan
este aire. Lo husmean,
pasan, corrigen,
pisan,
conservan:
milenios
y el mismo norte, la misma
agua. Los pájaros
no se imaginan
el agua, la misma
entrada a la continuación
del viaje, el mismo
sur: regresan.
Los pájaros no se imaginan.
Ahí siguen.
Profundo el aire
como el agua del mar
que es alta
desde el fondo.





Alvaro Solís
(Villahermosa, 1974.)


CANTALAO (FRAGMENTO)

I
El mar desgasta a quien lo mira, lo devora,
lo lleva al abismo donde no brilla la luz ni el tiempo pasa,
donde la muerte no contrasta con la vida
y el silencio reina sobre la oscuridad.

El mar roto, exiliado para siempre de la tierra,
enfurecido se derrama hacia sí mismo,
siempre repetido mar y su engañosa transparencia.

El mar caído de la lluvia,
el mar asesino,
solitario humedeciendo sus propios atributos,
ocultando quién sabe cuánta tristeza.
El mar es una tumba.
En el fondo del mar todos los muertos.
El mar es la tumba de Dios sin epitafio.




Rogelio Guedea
(Colima, 1974)


¿Has visto cómo
lo hacen los faisanes?

Su amor es pintura
derramándose

Por eso al terminar
quedan manchones verdes
en el aire




PAISAJE

Dos largas noches
durmió mi Hembra en bajamar

en su arrecife
hicieron refugio caracolas
algas y pequeños peces

Al salir
pude ver entre sus piernas
un atardecer lleno de gaviotas


Víctor García
(Escuintla, Chis., 1975)


ÁRBOL ROJO DEL ORIENTE (fragmentos)
I
Tu cuerpo solo es una noche eterna.
Silencio e inmovilidad bajo el bejuco
de tus piernas y tus cabellos.
No existen aves, no existe el mar,
Ni árboles, lagartos y culebras.
No ha nacido la selva ni los cangrejos.
No se ha inventado el cacao.

No existe nada si está tu cuerpo solo:
Noche, oscuridad, agua inmóvil: silencio.

IV
Un jaguar bañado de sol pasa corriendo entres tus piernas.
En tu espalda se esconde una manada de venados.
Parvadas de loros sobre tu hombro inventan el verde.
Canto verde, tierra verde: aire y sueños verdaderos.

Descienden
las serpientes de tu pelo
buscando las liebres que anidad en tu cadera.
En tu ombligo se esconden los lagartos.

Es un hervidero de vida el valle de tu cuerpo.
Tierra fértil explosión de vidas:
tierra de alegría.

VII
Quisimos formar de barro a nuestra criatura.
Fuimos a los ríos y a los lagos a juntar el limo.

Formamos sus piernas, sus brazos, su cabeza.
Nuestro amor pone brillo en sus pupilas.
Nuestro amor hace circular la sangre en sus arterias.
El canto del cenzontle y la música de los árboles
le dan voz a su existencia.
El arroyo le revela su imagen.

Ahora somos tres en este mundo.
Tu cuerpo se divide en muchos cuerpos:
cielo, tierra, inframundo

XII
Mi salvaje hembra viene de un árbol del Popol Vuh.
Viene envuelta de luz para fundar la existencia.
Diosa de la fertilidad, ceiba sagrada.
Señora Guardadora de las semillas.

El limo de su vientre, sus piernas de madera
y sus pechos de maíz son el origen de la vida.

El cuerpo de mi hembra es la imagen del cosmos.
Con ella inicia el mundo, se termina.
Tierra fértil, explosión de vida:
Tierra de alegría.



Balam Rodrigo
(Villa Comaltitlán, Chis., 1975)




LA CEIBA


Eternece al inframundo, horada letras y crótalos de jade en el dintel de corazones. No agua, no sangra y no: Cinabrio: Guacamayas arden en el páramo de sus arterias, capilar vereda que emulan los follajes incendiados por el alba fenecer. Saraguatos arborecen con su voz al guayacán. La canción de la montaña baja con sus pies de niebla que animalan tus entrañas. Un hachón de verdes laberintos lenguan oro y horizonte con tus voces. Vos el grito de los sordos, vos la sierpe que no muerde. Vos la verba de la lluvia. Vos la ceiba.




Rubén Márquez
(Puebla, 1981)


POEMAS DE MAR Y VIENTO
I
Hay higos en ti colgando su perfume
un olor a manzanas que rompe los cristales
y abre las compuertas del espacio
sus semillas
el cuerpo hambriento de nostalgias.

En ti hasta el delirio
el mar se vuelca con sus alas de pez plateado
se eleva por los aires
destellando agua por los astros
en oceánica lluvia cayendo penetrante.

II
Tus pechos beso
vertiginosa corriente de vientos malva
espirales alrededor de las aureolas.
Sigo su piel
muerdo la cima
y un río ardiendo se desborda
revienta la espesura
y quedo ebrio del vino de las uvas
que pintan el espacio mar de negro.

III
En medio de tu cuerpo
hay sinfonías de luz y sombra
un jardín de bellos soles
música girando en los planetas
moléculas de agua destellando en la caricia
y un punto negro de espuma nebulosa.

En medio de tu cuerpo
un caracol inventa la poesía.

IV
En el naufragio
somos la líquida circunferencia
y la luna
que se desgaja en marejada
en un escurrir de notas entre besos
hundimientos
en busca de la noche
que se esconde entre tus piernas.
***
Hay un mar dentro de ti pleno de voces
un grito grisilento de corales
una espiral salada
la figura de un sonido

hay un mar diciendo lo inaudible

bebiendo de la luz que cae a chorros

un vaivén de agua
una fuga
la sensación de un barco a la deriva.










MÚSICA








Edgar Amador
(Monclova, 1967)




Yo sé de otra luna
Distinta a la sangrienta y la dorada
Distinta a la de Adán y de los grillos
Yo sé de otra luna
No colmada por el llanto ni el ladrido
Ni colgada en el cielo por los cuervos
Yo he visto otra luna




Mario Bojórquez
(Los Mochis, 1968)


*

Todo dolor que crece
desde el roce, deleita
si rasga el ardimiento
si ulcera la caricia
si revienta el espasmo
si carcome la dicha
el sufrimiento es fuego
que se apaga en la carne.


*

Ha nacido el más blanco
blancor de todo negro.
Ha nacido del fuego
tremendal de su corva.
Ha nacido en su paso
pronto será carrera.
Ha nacido ponzoña
su veneno esqueleto.
Ha nacido del yeso
con hueso de cemento.
Ha nacido profundo
morirá en superficie.
Ha nacido y ya busca
adentrarse en la tierra.




Jorge Ortega
(Mexicali, 1972)




ANTES DE PERNOCTAR

Las palabras son huesos milenarios
perpetuados en vetas de silencio;
esquirlas, minerales que jaspean
la fuente proverbial del fuego fatuo.
Piedras de río, vértebras de lava
hundidas en el ámbar del idioma;
acuario de guarismos en cadena
por la tenacidad de lo expresable.
Tabiques de cantera, silicato
con astillas de sol como alfileres;
ramas para fricar la memoralia.

Una chispa cordial desatará
la concatenación de los recuerdos
ahumando el acetato del instante.




TRES CUARTOS DE CÍRCULO
Summer advances
preparing new orange

(El verano avanza
con un nuevo naranja)
Robert Duncan

Rojo se pone el cielo y nos detiene
con el hipnotizar de su tintura.
Perdemos diez minutos o el apremio
implícito en la aviada del trayecto.
Bien vale la demora esta pizarra
que expone los matices del crepúsculo:
hilos, irisaciones, vetas, cortes
a vista del común de los mortales.
(La víspera de cada anochecer
es una herida abierta, reguerío
de sangre por el limbo, apocalipsis;
aumenta las entrañas del poniente
como un denso y prolífico hematoma
filtrando a la postal el dramatismo.)
La puesta del sol dora las nubes
que irradian el caldero de la tarde,
hoguera de hipotética agonía
fraguando la cocción de los confines.
Volvemos ya con prisa a nuestra ruta
y arribamos al centro comercial,
pero al abandonar los almacenes
el cárdeno gigante sigue ahí.
Ocho cuarenta y cinco en el reloj.


DORMIR ACOMPAÑADO

El silencio es el arte
de la quietud extrema,
el voto de autosuficiencia
que procura el vigilante
de una noche sin sueño.

Alguien duerme a mi lado
desde hace media hora,
alguien cuya respiración
es un eco ilimitado
en el brocal de mi cuerpo.

Prohibido replegarse:
un corrimiento en falso
del talón bajo la sábana
podría perturbar a ese alguien
y estropear la balanza.

No olvidemos del reposo
su periferia sin escarpes,
su farallón de pesadez
nivelada con sueño frágil.

La movilidad es así
el sueño de todos los silencios,
la estatua reventada
por el chorro de la fuente.


Ricardo Venegas
(San Luis Potosí, 1973)


*

Luna, lunita
si bajas un momento
vuelves encinta.



*

Vuela y reposa
la flor que desprendida
es mariposa.




DE RUMBO FUGITIVO

XVI
Puedes llamarte Tramontana,
soberano del norte,
puedes llevar un caracol en mano
y dispensar el viento frío,
puedes ser padre de argonautas alados
y fecundar las yeguas andaluzas,
cantar e irte,
pero hay quien cierra su puerta
y no te deja entrar
a celebrar la intimidad
que no pediste.



Jair Cortés
(Calpulalpan, Tlax., 1977)


ENFERMEDAD DE TALKING

Puso incendio para el café,
quitó la tapa del cerillo
y se sacudió los perros de la cabeza.

La ventana de su librero
dejaba entrar la caja vieja de zapatos
que días antes había visto envuelta en el diciembre agrio y tostado del vaso.

Miró su rostro en el cajón:
sintió entonces la pintura correr por su latido,
ánimo del suelo el de su cuerpo recostado sobre la fina azotea comprada en Venecia.

Preguntó por ella:
respondió el toc (tic tac) toc de un pájaro que voló dentro de la licuadora.

-No sé más de mí-
contestaron las voces terribles de su gripe
que, a estas alturas de la fragancia, habían ya cocinado una pasta compuesta con letra de
molde.

Dijo adiós,
pero un ligero, casi imperceptible bosque,
le abrazó de pronto, y ella, de sí,
volvió otra vez a lo real
y contempló la cuchara ciega
que buscaba, esta vez,
azúcar por encima de la mesa.





Óscar de Pablo
(D.F., 1979)



SOBRE EL RITMO

punta y repunta
la consciencia canta
péndulo
tormenta y tumba
el mar zumba en la sombra y la garganta
en un solo momento
que retumba

danza que avanza y danza
que descansa
sombra que asombra y sombra
que seduce
venganza que es tan negra que reluce
en tambor y esperanza
escudo y lanza

condena zaz
condena zaz
condena
una cadencia como de latigazos
mundo profundo el mundo
de tus pasos
secuencia de eslabones de cadena

los esclavos de ayer
hoy condenados
de péndulo y tormenta que retumba
los esclavos de ayer
hoy incendiados
serán mañana libertad
o tumba



SU CORAZÓN, UN PÁJARO ESCARLATA

Sin linaje ni escudero, pero arrojado en arrojo,
sobre un corcel raudo y rojo, marcha el joven caballero.
Rojo su yelmo de acero, rojo su escudo maltrecho,
frente a la muerte al acecho, libera al mundo cautivo:
Un jilguero rojo vivo le canta dentro del pecho.

Desafiado el vencimiento, color rojo sobre rojo,
son llamaradas al ojo sus banderas en el viento,
Solo con su entendimiento, adolescente y guerrero,
es puro como el acero con que hiere y con que mata,
como el pájaro escarlata que canta su romancero.

Sin perlas y sin carey, ¿por qué cabalga sin silla,
y por qué no se arrodilla ni ante el Papa ni ante el rey,
por qué le niega a la ley del reino su vasallaje?
¿Si se rebaja ante el paje y ante el siervo es un sirviente,
por qué su altivo coraje ante el noble es insolente?

Brillándole en la armadura, ya dorada de tan roja,
tendrá el destino que escoja libremente su montura.
La sombra larga y oscura del invencible jinete,
larga como un minarete, será un asalto rotundo
que a los tiranos del mundo embestirá como ariete.

Los tiranos de la tierra quieren comprarle al jilguero,
y al negarse el caballero elige su propia guerra.
Hoy galopa por la sierra y entre sus cascos retumba
un corazón donde zumba un ave roja y feliz.
La verdad es su país, la noche será su tumba.








HUMOR / IRONÍA










José Eugenio Sánchez
(Guadalajara, 1965)



PIES CALIENTES CABEZA FRÍA

chucho fino extremo hábil y caracolero
de los que ya no hay
corre hacia el banderín de corner
y orina
el colegiado le muestra la primera tarjeta del partido
chucho orina al árbitro
al árbitro suplente
al inspector autoridad
el botiquín
a los hinchas del santos
y el resto de la fanaticada lo vitorea
chucho chucho oe oe oe
el juez exige garantías
uno de los directivos del rival prueba los orines
y exige por fax que la fifa intervenga
rumora un caso de dopaje
los compañeros y el entrenador intentan calmar a chucho
y chucho orina a los abanderados
a los comentaristas fotógrafos aguador médico porristas
al psicólogo del equipo
las siete pelotas oficiales en el terreno no botan ni a los tobillos
los ultras se desgañitan celebrando ese once que se atreve
y alegre inventa una cascada en los rincones
y amenaza con orinar la vitrina de trofeos
de la selección brasileña
y uruguaya y paraguaya también
qué noche

chucho fino extremo hábil y caracolero
de los que ya no habrá (por recomendación de concacaf)
con gafas oscuras como si lo hubiera volado un penal
y borracho como si lo hubiera metido
camina por el boulevard




MIS RENTERAS

aunque las tres son señoritas
la más joven tiene 62

no me pidieron referencias:
una dijo que me parecía
a cristo

espero no llegue el día
en que me pidan les arregle la puerta
el matamoscas la regadera

ya me imagino yo con una estilson entrando al baño
siendo testigo de una penosa tragedia:

una mujer con piel de trapo
y el cabello enjabonado diciendo:
vente chiquito
o si le tienes miedo al agua vamos a la alcoba
nada más pásame el bastón
sirve que me pegas con él




BALADA PARA DESAYUNAR

quién fuera marlon brando en el último tango en parís
tan cínico
tan aturdido por los trenes

quién fuera él para escuchar:
es obvio que sólo un hijo de puta
un bendito trozo de mierda que simula pensar y hablar
se puede enamorar de mí
pero te amo cabrón
no te mereces más

quién montado en maría schneider
metido en esa fruta despeinada
de escandaloso olor a mantequilla

el resto
ya no importa




Julio Trujillo
(D.F., 1969)



REVELACIÓN

El moho esperó siglos y me dijo,
cargado de vocales
esponjadas:
moho.



Armando Alanís Pulido
(Monterrey, 1969)



LO CORPORAL Y OTROS ASUNTOS DE LOS AÑOS OCHENTAS

Yo soñaba que la secu se derrumbaba
o le caía un rayo
Michael Jackson era negro como sus discos.

Un degenerado (dos años mayor que yo
me dijo que el placer estaba en el cuerpo
y que de la cintura para abajo descubriría
al mundo
así es que, revista en mano, usé mi otra mano
y me hice hombre.





VIVIR HERIDO


Lejos de la memoria, renuevo la máquina de mis intentos.
(Nadie me dijo que el amor tenía algo que ver con todo esto)
Entonces confiado fijé un límite, estaba a la deriva.
Yo sé sufrir, yo sé sufrir, pero desmiénteme.






PERSONAL


No me vine bien vestido porque pensé que al poco
tiempo estaríamos desvestidos.

El anuncio decía: mujer soltera busca joven
desinhibido y discreto, de pensamientos modernos.

Ya sé, son mis anteojos…

¿Y si tuviera pensamientos modernos me querrías más?
(pienso en internet, en caricaturas japonesas, en un
horno de microondas)

Tal vez cometí un error al leerte mis poemas.





Luis Vicente de Aguinaga
(Guadalajara, 1971)


MEDIO DE CONTENCIÓN
3

Libre de culpa, se amarra los botines.
Ajusta el cuello de su camiseta
y enseña, casi por descuido, los tatuajes
que cifran la historia de sus bíceps.
No lleva espinilleras.
Al comienzo del juego está muy serio, y poco a poco
ya grita y maldice y gesticula.
Quizá, puede ser, nunca se sabe: tal vez,
para el segundo tiempo,
consiga entrar de cambio.



Alejandro Palma
(DF., 1972)


ALQUIMIA PARA UNAS QUESADILLAS NO MUY BIEN COCINADAS


De la sartén, que no tienes por el mango,
brotaré reacio ante mi suerte
esencia líquida del humo
disuelta mi voz
no desesperes
aquí va tu tortillón
a lo triste a lo fuego
a la muerte espiritual
del queso conformado un desliz
fondue de pasión
en el doblez mismo comienza
técnica de los contrarios
sujetos al índice que sutura
la herida vuelta lactosa
así un instante inconcluso
uroboros: equilibrio puro olor
a lo más gemirá el aceite.



Amaranta Caballero
(Guanajuato, 1973)




HI-MEN!

Saludos a todos… desde las profundidades.



SHAKESPEARIANA

Ser o Loser, that is the question.




ELECCIONES

Siempre he preferido ser una loca activa a una cuerda floja.





Julián Herbert
(Acapulco, 1974)


Tuve esa novia,
una tan dulce que
yo gastaba mi puño en robos
de chocolate para ella
y hasta rogué olvidarme
de lo que soy ahora: sí,
como árbol seco
pedí que me talaran con su amor.

Ella tenía ese nombre feo, los
hombros anchos, ella era
muy bajita, pero reía de un modo
que la volvía más alta,
y había nacido en el desierto de Mayrán;
por las mañanas estudiaba para ser
secretaria,
con sus hombros tan anchos y las uñas
esmaltadas de violeta y amarillo.

Y fuimos muy felices, hasta que me dejó
para casarse con el chofer que hoy la maltrata.




Jorge A. Sánchez
(D.F., 1974)


CONSEJO

Con el corazón hay que ser congruente
ponerle una cadena
y sacarlo a pasear
dos o tres veces por semana
para que no olvide
que tiene que olvidar.



CONDIMENTO

La poesía ocurre
e
s
c
u
r
r
e
y es curry.








DONDE NO HAY NO HUBO, DONDE NO HUBO NO HABRÁ

La vi de reojo,
como quien sin querer aprehende el instante
en el que se da cuenta de que se da cuenta
y logra atisbar
quién mueve los hilos;
como quien llega a desear,
sin querer queriendo,
a la mujer del prójimo
(siempre mejor que la de uno);
como quien quiere esperar
y no se pregunta ¿qué esperar?
Sí, la vi,
como quien no quiere la cosa,
que siempre, siempre es otra cosa
y no la que uno
quiere que sea.






Omar Pimienta
(Tijuana, 1978)


LOS TEXTOS QUE TE DEBO
II

Si me gana la superficialidad,
es porque no ofrecí la suficiente batalla
o tal vez
es miedo a mi yo interior.

En tu caso es diferente,
tu yo interior se ve increíblemente bello desde afuera.



Mijail Lamas
(Culiacán, 1979)



NO ES el hambre
el bolsillo vacío
o el rostro saqueado
lo que sustenta toda teoría de las calamidades
no es el sueño
el plagio siempre consciente
la incertidumbre
la indiferencia

aquel rincón oscuro es el miedo
ustedes en la mesa del café un espejismo
¿oyes cantar a las madres como grillo del verano?
y los demonios de los días de guardar
sólo es la gente que se ausenta de las calles

pero aquí está la muerte
pide un beso
una jeringa
pasa lista frente al muro de ladrillos de cristal
y todos firmes han llegado a tiempo para la foto

pero yo
demasiado tierno y sentimental para escandalizar a alguien
demasiado tímido para repetir la burla
o ser obsceno
sé que masturbarse en público
aun hoy
produce escándalo
por lo tanto me retiro
un tanto avergonzado
a mis íntimos espasmos



A BORGES

a Virgilio frente al Palatino Monte
a Heráclito en su múltiple cause erguido
a Cervantes frente al sueño del Hidalgo que llaman Quijote
a ti en el laberinto, Averroes, del leguaje
a Dante frente a los círculos del sueño
a Chesterton de bastón gastado y artilugio
a De Quincey con su opio y huestes de hashishis
a Mateo y Marcos que buscaban la primicia
al verbo de San Juan
a Shakespeare met the night mare
al horroroso espejo
al tiempo circular del Eclesiastés
al sol del tigre en la página de Blake
a los de Góngora raudos meteoros
al paraíso: Alejandría soñada
a los dones que me roba la ceguera
a ustedes os digo:
I can´t get no satisfaction




Roberto Morris
(D.F., 1979)



*

La mano invisible,
nos está matando a chingadazos,
que no sentimos.

*

No podrías imaginarte las cosas que te haría en un cuarto oscuro.

Arrancaría el pudor de tu alma.
Lucharía por el espacio que defiende cada botón.

Haría que tus lunares se levantaran en armas
en contra de tu deseo
a resistirme.

Te derrotaría.
Te dejaría vencida.
Te dejaría sin nada.
Salvo
las ganas de la revancha.





YO SÉ QUE NO SOY OBSESIVO

No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy Obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo. No soy obsesivo.

Te juro que no lo soy.




Margarita Valencia Triana
(Tijuana, 1980)



Me gustan los hombres
con caras de muñequitas de porcelana
con cuerpos de alfileres
con ojos espléndidos, brillantes, hundidos y ungidos.
Me gustan los hombres que parecen mujeres
y las mujeres altas, mujeres-mujeres.




Iván Cruz Osorio
(D.F., 1980)



MARCIAL RUMBO A BÍLBILIS TRAS EL ASESINATO
DEL EMPERADOR DOMICIANO

En verdad, Quintiliano, los hombres
no somos quienes andamos extraviados
al lanzarnos, unos a otros, amargos reproches,
al consumir nuestra ambición y coraje
en guerras que agregan abatimiento e infortunio,
al erguir, altaneros, la cabeza igual que Júpiter
pese a nuestra insignificancia;
los auténticos extraviados
son los dioses
por entregar sus dones
a un corazón tan insensato
como el nuestro.



LÍBRANOS, SEÑOR

Líbranos, Señor, del crimen,
de los asaltos descarados,
del agravio de los secuestros,
de las guerras cínicas
de cada día.
Líbranos, Señor,
de esta camada
nueva y violenta.
Líbranos, Señor,
de ti, Señor,
el principal entre
las bestias carroñeras
de esta miserable selva.




HABLA UN HÉROE DE LA PATRIA A SUS COLEGAS

No me entristece que todos
hayamos muerto por esta empresa,
me entristece que todos
hayamos cometido la vileza de existir.





Carlos Roberto Conde
(Puebla, 1982)


MANIFIESTO

“… afirmamos
con orgullo
ser poetas
de arte menor
y por tanto
no inspirados
en los versos
de la Musa
sino en su
inefable
bien formado
versículo…”




HIGHGATE

En mi tumba
al enterarme de los denigrantes
procesos de Moscú
las torturas
los exilios
las muertes prematuras
todos los crímenes inenarrables
y nefandos
cometidos
a los pueblos
en nombre de los pueblos
siento mejor
o menos infamante
antes que ser marxista-leninista
ser
machista-lenonista.




Daniel de Juanes
(Ciudad de México, 1982)



LA CONSENTIDA DEL BARRIO

Gustaba del pispiote relamido
y pedía que le dieran cañandongo
enhiesto fierro dentro del mondongo;
adoraba el camote ahí metido.
Dura méntula de un varón cumplido
con el vaivén del sóngoro cosongo;
pensaba en el tamaño que en el Congo
puede alcanzar un pito endurecido.
Buscaba una bichola diferente,
al pene dar un ósculo quería,
solo ñongas tenía en aquella mente.
Añoraba una pinga siempre enfrente,
con esa aspiración ella vivía:
adoraba la verga, simplemente.










AUTOMATISMO









Raquel Olvera
(Chignahuapan, Pue., 1966)




EL DOLOR ILIMITA SU TERRITORIO


El dolor ilimita su territorio
ya nadie es normal
arrúllame arróllame
artimáñame:
el último rincón del cuerpo
es la locura.






Obed González
(D.F., 1969)


MUERTE DE TERCERA
I

Es media madrugada y el recuerdo se estampa en el pensamiento.
El frío sopla y me escucho.
Un caparazón de dolor y lodo se forma en mi espalda, pesa y desgarra mi alma y cuerpo, espiral de sangre y palabras que taladra mi cabeza, dejándome en un laberinto de dudas, carcajada de noche oscura que desnuda a la negra ave que de madrugada espera.





Luis Felipe Fabre
(D.F., 1974)


INVESTIGACIÓN DE MERCADO


Una moneda, por el amor de Dios, una moneda,
que el dinero es el tema del mendigo y el mendigo
es el tema de esta investigación: ¿si el mendigo tuviese dinero
hablaría de asuntos menos mundanos? Pero he aquí
un tintinear de monedas en el interior de una lata
de sardinas sin sardinas. ¿Y las sardinas?
Baratas y nutritivas: ricas en hierro, vitamina A y fósforo.
Un paladar exquisito diría que la sardina tiene un ligero dejo a:
a) Metal sobado. b) Dinero rancio. c) Desayuno de mendigos.
¿Un mendigo es básicamente una alcancía?





CANCIÓN

Dulce dama: que desprecie al apuesto vasallo que la ama
es indispensable: no arruine pronto beso la canción
ahora que el ruiseñor trina y tan reciente la menta.
Un misterio: ¿por qué sólo en la desdicha vibra mi salterio?
Mas siendo así, si yo en usted me empeño, sea mi corazón
rica sortija que se aligera en la balanza del prestamista:
amañada, quiero darme en prenda a cambio de nada.
Y por nada, nada padecer: deshacer, desandar,
desmontar la desventura: dulce dama: amañada: un misterio:
terminado: nuestros cuerpos desdiciendo lo trovado.



UNA TEMPORADA EN EL MICTLÁN
II (Xochicuicatl)

Una flor: abierta como una boca diciendo abierta: un canto.

Otra flor pero la misma flor pero marchita: no dos,
no tres: sólo un instante, sólo un colibrí
dura el hombre aquí en la tierra.

Una calavera junto a otra calavera junto a otra calavera sobre
otra calavera junto a otra calavera junto a otra calavera sobre
otra calavera junto a otra: estrofa-tzompantli.

Una pregunta a los muertos:
¿Al canto le sigue el silencio o le sigue otro canto?

Otro canto: el silencio de los muertos: otra flor
pero la misma flor pero otra
calavera, etcétera.




Óscar Paul Castro
(Culiacán, 1979)



APUNTES DEL INSOMNIO
VI

Amor
–haz sido–
ácido
asido
ha sido
el corazón
de la nostalgia.




Inti García Santamaría
(D.F., 1983)


POEMA

estela
la de la

pirámide circular

un rojo
cono (ser
otro rojo (distinguir
lo granate))

el pulso del púlsar
ayer

hoy la
tierra

tronco tupí
tantas palabras para "loro"
y lo demás

aurora
la de la
ladera

viernes
oyes viento

una habla
una lente

habla

labra veredas

sin apalabrar caminos

habla




BONITA

La cita de los martes.
Dos páginas y la crayola
ha dibujado mil ciento doce. Caracoles
sobre las hojas o mil ciento trece.
Dibújame a tus papis.
sobre las hojas y/o cuatro muros.
Más de mil cien crustáceos
más veintiocho cetáceos
con tonos. azules y verdes.
¿te gustan los delfines?
Todo el peso en la punta del crayón.
Delante del señor extraño
con tres dedos cogió la lapicera
la cita de los muertos.
sincera. lacera la acera.
Es verdad estaba nerviosa.
sincera. la cera lacera.
La cita de los martes.









SLANG CITADINO










Julián Herbert
(Acapulco, 1974)



SANTIAGO DE VORÁGINE

Dicen que luego de matarlos vivió siempre llorando
en plazas y hospitales llorando
y llorando en los vagones del metro con la túnica raída
los remos sobre el hombro igual que una escopeta
un letrero muy sucio colgado de su pecho
yo maté a mis padres

Lloraba con ese ruido sucio
que hace la lluvia al caer en los mercados
se encolerizaba cuando todos dormían
lastimaba muñones escupía a los internos
robaba su dosis de morfina a los heridos
para obligarlos a llorar con él

Dicen que lo encerraban
lo empastillaban
lo madreaban
le metían un trapo en la boca y unos electrodos en la cabeza
y después giraban la perilla
pero nada ablandó su crueldad
porque era santa

Una noche encontraron su cuerpo en los canales
le habían molido la cabeza con los remos
su letrero ensangrentado sobre el rostro
con este sobrescrito
por fin se callará

El gobierno del pueblo se negó a sepultarlo
pero nosotros lo consagramos desde entonces
como santo patrono de la hospitalidad

(Por eso
tú que diste positivo en los análisis
o yaces aguardando la próxima descarga
o no encuentras doctor que te venda una receta
o te lames las manos mientras te embarga la ansiedad
rézale a él
y dale sólo a él toda la fe de tus plegarias)



Omar Pimienta
(Tijuana, 1978)


LA LIBERTAD
III

El Juan se apellida Laguna
su abuelo es un ex marino gringo-guameño.
La abuela vivía en Tijuana.

Esperaban que pasara la guerra.

(Mestizaje del pacífico gracias al belicismo gringo)

Su padre nunca quiso ir a Vietnam.
Prefirió ser mecánico en la frontera, donde sobran carros.

Nosotros crecimos trabajando en la herrería;
cruzamos la frontera a diario;
hablamos de la selección,
de La Libertad.

Cree seriamente que los migras se la pelan.

Le digo que está muy gordo, que corriendo no se escapa.
Me dice que para estándares guameños está ocho libras bajo la media.




“SE CAYÓ UNA TONTA”

El pareja con las manos casi tocando el cielo dice:
va para un mes que es imposible encontrar mota en la colonia.

El noticiero nacional afirma:
se decomisó una tonelada en Tijuana, en La Libertad.

Al reportero le extrañó que el chofer lograra huir;
(es fácil escapar en La Libertad, sobe todo si de perderla se trata)

El camión se estrelló contra el muro.

¿Cómo es posible que entren toneladas a la colonia
y en las calles no haya ni para un gallo?





Francisco Alcaraz
(Culiacán, 1979)



CRÓNICA PARCIAL DE LOS NOVENTA


Crucemos los dedos aunque no es verano del amor
ni era del acuario
a nadie le sorprende nada ni estos años borrachos
y aburridos
arrullados por el siglo quién iba a saber lo que
venía la libertad
fue nube de paso y hoy caen ácidos del cielo
no hubo tiempo de veras no había tiempo
más que para nacer y acostumbrarse
a las portadas de revista
jamás tuvimos escenario un patíbulo de agujas
afiladas en el cuello de la histeria
ocupados en la virginidad ya no se derribaron muros
a cambio las pantallas nos gritaban
llame ahora el poeta de su estilo en línea
y hubo disparos monedas que caían
a la profundidad del corazón
Fidel Fujimori Pinochet los dinosaurios
de Spielberg y otras películas malísimas
viagra camisetas del Che en el malecón
todos comentaban pobre Magic Freddy Mercury
cantará por última vez en Barcelona y nosotros tan borrachos
aburridos seguros de que aquí no pasó nada.



RELAXIN’ AT CAMARILLO


El enfermo abre los ojos adivina
el acertijo de la luz detrás de las paredes
sin ventanas al paso de los días
en lugar de heroína corre sangre
por pulmones tiene esferas de cristal:
cuando el humo de la marihuana se disipa
pueden verse duendes unicornios
y una hoguera transparente
los médicos llenan el reporte
“Charles Christopher Parker
músico de profesión
delirium tremens
noche apacible exaltación normal
mencionó varias veces un nombre incomprensible
dijo ser un ave ¿continúan las pesadillas?
anoche maldijo a un escritor argentino
tal vez francés no está muy claro
según parece no es nadie a quien conozca
se introduce en su sueños a la fuerza
de interrogatorios feroces
conoce sus pensamientos más ocultos
y amenaza con escribirlo todo al día siguiente
de que muera”
Charlie Parker
permanece debajo de las sábanas
un hormigueo a lo largo de la espalda
le recuerda a Dizzy la trompeta
las gotas más precoces de la lluvia
relámpago el rostro demoníaco de Dylan
Thomas le escupe una pregunta
how deep is the ocean? Poseído
en cuclillas siente crecer un centenar de plumas
donde inició la comezón por fin nacen dos alas
entonces Yardbird
aún oscuro
entona la primera canción de la mañana
y con lentitud de bestia derrotada a palos
Nueva York se desentume.

sábado 8 de diciembre de 2007

Encuentro Iberoamericano de Poesía Ciudad de México